Es improbable un cambio drástico en las cotizaciones de los commodities-
AGRO | La tierra continuará valorizándose por ser un recurso escaso en el mundo ya que prácticamente se ha llegado a las fronteras agrícolas |
Es improbable un cambio drástico en las cotizaciones de los commodities
Varios factores estructurales nos hacen ser optimistas en cuanto a la sostenibilidad de los precios de los productos agropecuarios |
La tierra tiene un valor no sólo por el negocio que representa en sí, sino también por su capacidad de resguardo ante las crisis financieras cada vez más frecuentes. Para un inversor, la seguridad que significa ser propietario de una extensión de tierra es insustituible. En la medida que el suelo es un recurso no reproducible y que hay que preservar sus cualidades, no se puede pensar que a largo plazo su precio baje, sostuvo el ingeniero agrónomo Juan Ponce de León, integrante del consejo de dirección de la Consultora Agropecuaria Seragro. A continuación se publica un resumen de la entrevista concedida a ECONOMIA & MERCADO.
-Hoy se habla de "commodities" para referirse a los productos que no están manufacturados, pero antes era una palabra sólo utilizada por los especialistas. ¿Cuál es la diferencia que existe entre "commodities" y materias primas?
-Si bien no hay una opinión única, los commodities son productos e insumos que se comercializan en el mercado internacional, caracterizándose por tener cada uno de ellos un grado de diferenciación mínima. Por ejemplo, los principales commodities exportables de Uruguay son la carne -aunque cabe señalar que los frigoríficos exportadores sostienen que no lo es porque los diversos cortes cárnicos apuntan a diversas demandas específicas-, los lácteos, la lana, la madera y los granos.
-¿Cómo evalúa la situación actual de los commodities en el mercado internacional?
-En los últimos cinco años hasta mediados de enero de 2008, el escenario global ha sido extraordinariamente favorable para los commodities agropecuarios y minerales. A pesar de la volatilidad reciente de los mercados, existen algunos aspectos estructurales que nos hacen ser optimistas en cuanto a la sostenibilidad de sus precios. Me refiero, por un lado, a que los stocks de los distintos commodities han seguido cayendo, lo que hace suponer que es improbable un cambio drástico en sus cotizaciones. Por otra parte, como la economía mundial continuará creciendo en mayor o menor grado, la demanda va a seguir ejerciendo una presión importante sobre esos stocks disminuidos.
-¿Es factible que la demanda de los commodities exportables uruguayos se mantenga firme si se produce, como muchos temen, una recesión en la economía de Estados Unidos?
-Como resultado del estallido de la burbuja hipotecaria ha comenzado una etapa de crisis financiera mundial que todavía no se ha manifestado en todas sus dimensiones. Por lo tanto, si se desata una crisis bancaria en la economía más grande del mundo, nadie puede imaginar sus consecuencias a nivel global. Entonces, suponer que ese problema no va a tocar a Uruguay, es una ilusión.
China
-Este período de bonanza para los precios de los commodities se atribuye a la progresiva incorporación de millones de ciudadanos chinos a la clase media. ¿Qué opina al respecto?
-Es algo más que eso. Hoy la tierra es un recurso escaso en el mundo porque, prácticamente, se ha llegado a las fronteras agrícolas. Los pequeños avances aún posibles están en el Mercosur, donde algunas áreas todavía están por ser explotadas. Sin embargo, esa situación se compensa por los avances sustanciales de la urbanización, especialmente en los países asiáticos que pierden cada vez más área agrícola. Por lo tanto, deberíamos comenzar a manejar la idea de que las posibilidades de producción de alimentos van a estar topeadas por el área física de la tierra, pese a todos los adelantos previsibles desde el punto de vista tecnológico.
Por otra parte, el crecimiento espectacular de la economía de China desde hace diez años ha contribuido a incorporar una cultura de consumo de origen occidental. A medida que los asiáticos cuentan con mejores ingresos van dejando progresivamente de lado buena parte de su dieta a base de féculas y arroz para sustituirla por platos con un fuerte contenido de proteínas de alta calidad.
-¿Es ese un hecho temporal o hay razones que hagan pensar que puede durar un tiempo considerable?
- Se puede esperar, con un cierto grado de seguridad, que esa tendencia se va a mantener por un buen tiempo dadas las dimensiones de China y la velocidad con que viene creciendo su economía, habiendo alcanzado una tasa de 11,7 % en 2007.
-¿No existe el riesgo de que frente a una recesión de la economía estadounidense los chinos compren menos commodities, incluso alimentos, como los que importan de los países del Cono Sur?
-Todo dependerá de la intensidad de la crisis. La inercia del crecimiento de China y los países asiáticos hace pensar que no va a haber cambios significativos en un horizonte de dos o tres años. Por tanto, es muy difícil imaginar que pueda ocurrir una reversión drástica de la tendencia de las importaciones de esa región en el corto plazo.
Inversiones
-El mercado de granos recibió en los últimos años fuertes apuestas especulativas de los fondos de inversión que se ofrecieron a los inversores como un vehículo para escapar a la debilidad del dólar. ¿En qué grado esa tendencia ha contribuido a inflar los precios de los commodities agrícolas?
-Los grandes capitales especulativos apuntan a los buenos negocios. Hasta ahora no les ha ido mal con su apuesta a los granos en base a dos factores. Uno es el crecimiento de las economías grandes del mundo, particularmente China e India, que tienen necesidades cada vez mayores de alimentos de mejor calidad. El otro es un dato objetivo ya que los stocks de productos alimenticios se reducen en el mundo. Ambos factores son estructurales y, en consecuencia, difícilmente puedan cambiar de un año para otro.
-Si existe un mercado financiero tan interesado en los negocios con productos alimenticios básicos, ¿por qué no tiene Uruguay un mercado de futuros de commodities que se producen localmente?
-Obedece a que, aparentemente, no hay volúmenes físicos suficientes que justifiquen la instalación de un mercado de futuros de granos. Por lo tanto, resulta mucho más fácil incorporarse a los mercados argentinos.
-La producción de grandes volúmenes de etanol promovida por Estados Unidos ha tenido un impacto descomunal sobre el precio del maíz. ¿Es factible que ese fenómeno determine que el precio de ese commodity continúe subiendo y, de rebote, el de los otros granos durante un largo período?
-Hace un par de años el gobierno de Estados Unidos tomó una decisión estratégica respecto a la producción de etanol a partir del maíz como una fuente alternativa de energía porque, entre otras razones, existen buenas condiciones para su cultivo en ese país. A partir de la adopción de esa política oficial, el área de cultivo de maíz en suelos norteamericanos aumentó en sólo doce meses cuatro millones de hectáreas -N.del R.: equivalentes al 23% de la superficie de Uruguay- a expensas especialmente de la soja.
Sin embargo, es previsible que en un período relativamente corto el etanol debería empezar a elaborarse a partir de la celulosa de la madera y, en consecuencia, el uso del maíz para producir etanol -situación bastante polémica desde el punto ético- tendría que ir disminuyendo. Por otra parte, como los precios de los diferentes granos arbitran entre sí, el impacto de la demanda agregada de maíz para usos industriales se va a sentir en el conjunto de los granos como, de hecho, está pasando.
Usos del suelo
-En Uruguay, los cultivos están desplazando a la actividad lechera, la cual a su vez está desplazando a la ganadería. Lo mismo pasa con la forestación y la ganadería ovina. ¿Qué consecuencias van a tener estos movimientos en la actividad del agro?
-Hay dos actividades que están creciendo sostenidamente en Uruguay y lo van a seguir haciendo en el mediano plazo. Ellas son la producción de granos y la forestación. Su desarrollo requiere necesariamente más espacio físico, con lo cual afecta a otras actividades agropecuarias desde distintos ángulos. La producción agrícola ejerce presión especialmente sobre la ganadería de invernada al restarle los mejores suelos del país. En cambio, la explotación forestal avanza sobre los suelos de peor calidad. De alguna manera, compite con la ganadería de cría, tanto vacuna como ovina, aunque sin tanta intensidad. Todo indica que esas tendencias van a persistir en el agro uruguayo por largo tiempo.
La lechería, que podríamos englobarla con la ganadería de invernada por el uso de suelos, aunque está ubicada en una zona más cercana a Montevideo, era de las actividades rurales que había quedado más relegada en los últimos años. Pero, a partir del gran aumento del precio internacional de los lácteos registrado el año pasado, la leche en el mercado interno pasó de costar US$ 0,18 a US$ 0,35 el litro, y, por consiguiente, los tambos están en mejores condiciones de resistir el embate de la agricultura.
-Hoy se habla de "ponerle un segundo piso al campo", es decir introducir nuevas técnicas de producción en las actividades desplazadas. ¿Qué complementos necesitan la ganadería y la lechería para producir más en una menor superficie de tierra?
-Se precisa más inversión de capital y tecnología. Eso sólo se justifica a partir de la rentabilidad de la actividad. Si los precios de los terneros son bajos, el criador no va a invertir en ese negocio. En caso de que haya una buena demanda de terneros, se puede esperar una corriente de inversiones importante en la medida que los precios sean buenos y se mantengan.
-La rentabilidad pecuaria en mucho casos es actualmente mucho menor que los precios que se ofrecen por el arrendamiento de campos destinados a los cultivos, especialmente de soja. De continuar esta tendencia, ¿qué repercusiones tendría sobre la rentabilidad de las actividades del agro?
-Los negocios más prósperos hoy están relacionados con la agricultura y la forestación que se desarrollan en áreas físicas bien diferenciadas, mientras que la ganadería tiene una distribución más difusa de la tierra ya que coexiste con la lechería, la agricultura, etc. Para poder determinar la rentabilidad de un negocio, hay que observar las estadísticas de esa variable en las distintas actividades del agro. La actividad pecuaria ha generado históricamente una renta real baja, pero segura, que está en torno al 3%-4% incluyendo el capital "tierra". A su vez, la lechería y la agricultura implican más riesgo y más inversión de capital y también ofrecen rentabilidades más altas si se incluye el componente "tierra" en el análisis del negocio. Actualmente hay muchos inversores argentinos que accedieron a la explotación agrícola sin ser propietarios de tierras en nuestro país. De ese modo, se impuso un nuevo modelo de negocios en la actividad agrícola de Uruguay. Si analizamos la rentabilidad de los cultivos, debemos tener presente que es un negocio muy dinámico y, por tanto, muy cambiante. Cuando los precios de los productos suben en forma permanente, se incrementa la ganancia del productor y aumenta el valor de la tierra.
Detracciones
-¿Los fuertes impuestos que aplica el gobierno de Kirchner a las exportaciones de ciertos commodities han contribuido a la radicación de capitales argentinos en Uruguay?
-La política de detracciones en Argentina es una forma cómoda de cobrar impuestos. El peaje a las exportaciones resulta más eficiente y económico que armar una estructura recaudadora más compleja desde el punto de vista administrativo. Esa política, que desde el punto de vista fiscal parece una barbaridad y que ha impulsado a muchos productores argentinos a invertir en Uruguay, tiene como contrapartida la posibilidad de que los consumidores, incluidos los agricultores, dispongan de combustibles subsidiados y, por tanto, considerablemente más baratos que los precios vigentes en el mercado internacional. A pesar de que la cotización del dólar manejada por el gobierno argentino ha sido beneficiosa para la exportación y, por consiguiente, para los productores agropecuarios, hoy la inflación se ha encargado de ir reduciendo esos márgenes de ganancia.
Coincido en que la política de detracciones contribuyó en parte a la venida de capitales argentinos a Uruguay. Sin embargo, el clima de incertidumbre en cuanto a los cambios en la política económica de Argentina ha tenido mucho más incidencia en la decisión de invertir en nuestro país. La estabilidad macroeconómica es fundamental para la explotación del agro, cuyos ciclos son relativamente extensos.
-¿Cuáles serían los efectos en el agro si el gobierno uruguayo decidiera aplicar algún tipo de detracción a las exportaciones de commodities básicos en caso de que no se abasteciera debidamente al consumo interno?
-Lo único que se lograría con más impuestos a la producción agropecuaria sería reducir el nivel de inversión. En Uruguay la presión impositiva no es baja, pero la rentabilidad del negocio en el agro permite al productor seguir creciendo. El gobierno debería dejar que continuase ese círculo virtuoso, aunque la tentación de aplicar mayores impuestos a la tierra o gravar más a la producción del sector es siempre grande. No tengo duda que sería pan para hoy y hambre para mañana.
Hoy es más beneficioso exportar que vender en Uruguay
-¿Qué efectos tendrán las actuales cotizaciones de los commodities agrícolas sobre el nivel de los precios mayoristas y precios de los consumidores en nuestro país?
-Todos los gobiernos del mundo están preocupados por los efectos de los altos precios de los commodities en la inflación interna. Es un fenómeno con el cual vamos a tener que convivir por un buen tiempo.
-Con el aumento descomunal de las cotizaciones de los lácteos en los mercados externos, el precio de la leche industria, que es libre, está muy por encima del de la leche cuota que fija el gobierno. Por ese motivo, todas las empresas procesadoras de leche, salvo Conaprole, están remitiendo el mínimo posible de leche y subproductos al mercado interno. ¿Cómo se resuelve esta situación?
-Nunca se había dado el caso de que el precio de la leche industria fuese mayor al de la leche cuota, que constituiría una protección a los pequeños productos, quienes son más débiles y tienen menores posibilidades de crecimiento. La situación del mercado internacional que determina que hoy sea más beneficioso exportar que vender en el mercado interno es una oportunidad histórica para desarticular el actual sistema de la leche cuota, que es una verdadera complicación para el sector lácteo. Sin duda es el mejor momento para liberar tanto el mercado de la producción como el de la exportación, lo cual contribuiría a que la lechería produjese más. Por una cuestión de solidaridad social el siguiente paso sería otorgar un subsidio o una asistencia específica para que la leche llegue a los niños de hogares de bajos ingresos a un precio adecuado.
El agro uruguayo comienza a ser un lugar conocido en el mundo para invertir
-El precio de la hectárea de campo uruguayo aumentó un 191.7% entre enero de 2000 y fines de junio de 2007, según datos trascendidos de la Dirección de Investigaciones Agropecuarias (DIEA). ¿Cómo evalúa la valorización de la tierra con el aumento de los precios de los commodities agrícolas y pecuarios?
-El valor de la tierra se triplicó como mínimo en los últimos cinco años (2002-2007). Al comienzo de ese quinquenio, los precios de los campos estaban totalmente deprimidos debido al endeudamiento generalizado del sector agropecuario al que, simultáneamente, lo azotaba una durísima crisis económica local y regional. En ese momento, la liquidez tenía una importancia vital y, por tanto, no había inversiones en tierras, salvo algunas excepciones como las del brasileño Ernesto Correa, quien adquirió más de 100.000 hectáreas en pocos meses. La lenta salida de la crisis económica uruguaya fue acompañada por una suba de las cotizaciones de los commodities en los mercados internacionales. Ese es un elemento fundamental que ha contribuido al incremento del precio de la hectárea de tierra en Uruguay porque la buena rentabilidad del negocio determina finalmente la valorización del suelo.
-Hubo otros períodos de notable mejora de la rentabilidad de la actividad agropecuaria nacional y no se produjo una valorización tan grande de los campos uruguayos. ¿Qué otros factores han incidido en los altos precios actuales de la tierra?
-Sin duda hay una serie de elementos adicionales que han contribuido a consolidar el fenómeno de la valorización del suelo uruguayo. En primer lugar, la globalización de la economía es un hecho innegable. Segundo, Uruguay empieza a ser un lugar conocido en el mundo para invertir. Tercero, el suelo apto para la agropecuaria es hoy un recurso escaso. Además, la tierra tiene un valor no sólo por el negocio que representa en sí, sino también por su capacidad de resguardo ante las crisis financieras cada vez más frecuentes. Para un inversor, la seguridad que significa ser propietario de una extensión de tierra es insustituible. En la medida que el suelo es un recurso no reproducible y que hay que preservar sus cualidades, no se puede pensar que a largo plazo su precio baje.
-¿Continúan los inversores extranjeros, sobre todo argentinos, comprando tierras en Uruguay?
-Sí. En tanto las condiciones que originaron esas inversiones persistan, la tendencia se va a mantener. Además, como las economías de los países de la región actúan como vasos comunicantes, parecería que hay margen para que los precios de la tierra aún puedan subir más. Como referencia en la zona núcleo de Argentina, la hectárea de campo se cotiza entre US$ 10.000 y US$ 15.000 dado que produce, 4.000-5.000 kilos de trigo y 8.000-9.000 kilos de maíz ó 3.500 kilos de soja. Por supuesto, no existe ese tipo de suelos en Uruguay, donde hay menor productividad y, además, se requiere preservar el recurso tierra debido a las ondulaciones de su territorio. Mientras que el campo argentino es una gran planicie, los problemas de erosión de nuestros suelos pueden ser bastante complejos. Por lo tanto, la intensidad con que se puede hacer uso de la tierra en Uruguay es diferente a la de Argentina.
Ficha técnica
El ingeniero agrónomo Juan Ponce de León, uruguayo, 56 años, egresó de la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República en 1978. Integra el Consejo de Dirección de la Consultora Agropecuaria Seragro, empresa que fundó con un grupo de socios en 1980. Durante seis años (1980-86) fue también funcionario de la Dirección de Investigaciones Económicas Agropecuarias (DIEA) del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca.
Fuente: EL PAÍS, de Montevideo.