Energía: Realidad y Tendencias-Autor: Emilio J. Apud
Energía: Realidad y Tendencias
| Emilio J. Apud |
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El mundo es combustible fósil dependiente, entendiendo por combustible fósil al petróleo con sus derivados y al gas natural. Pero la Argentina es aún más dependiente de esos recursos ya que el 88% de la energía primaria que abastece las necesidades del país proviene de los derivados del petróleo y gas. En el contexto internacional la energía argentina no es significativa ya que representa solo el 0,7% del total. Tampoco sus condicionantes y limitaciones se asemejan a los internacionales. Sin embargo en la medida que no se disponga de una política energética que trascienda el corto plazo, nuestro país se involucrará cada vez más con eso problemas, o sus consecuencias, que hoy le son ajenos. Los principales problemas que el sector energético internacional encara a futuro y que ya se vislumbran en la actualidad, son el geopolítico y el ambiental. El primero porque la mayor concentración de reservas fósiles están en países del medio oriente y Afrecha, donde los fundamentalismos y conflictos étnicos políticos y religiosos tienden a agravarse, y el segundo por la influencia que la combustión de hidrocarburos tiene en el calentamiento global, influencia agigantada por la opinión pública que termina influyendo en las decisiones políticas. Ante estas dificultades, es de esperar una sustitución, anticipada a su agotamiento, de los recursos petroleros y gasíferos. También influirán en este proceso los precios en alza debido, además de a los problemas geopolíticos y ambientales mencionados, a una demanda exacerbada por el desarrollo acelerado de China e India. Nuestro país debe estar atento a la evolución de estas tendencias para plantear la estrategia adecuada durante esa transición. Contamos con una variedad y cantidad de recursos energéticos y know how como para autoabastecer las necesidades de energía con una adecuada composición por fuente así como también generar excedentes que faciliten la financiación de una transición autónoma hacia un esquema energético con escasa componente fósil. Pero estas reflexiones requieren estar insertas en la realidad actual de nuestro país y de su sector energético, caracterizada por una crisis aún sin soluciones de fondo a la vista, no obstante haber sido detectada hace 5 años, cuando ya habían pasado otros cinco sin inversiones. Es decir que en los últimos 10 años hubo una parálisis de proyectos energéticos por falta de inversiones y claridad en los marcos legales y contractuales, tanto para la ampliación de reservas de hidrocarburos, como para la generación de energía eléctrica y los respectivos sistemas de transporte y distribución. La realidad indica que hay un déficit de gas natural del orden de los 30 Mm3/día, el 25% de la demanda, las necesidades petroleras se cubren a expensas de la baja de sus reservas y el sector eléctrico presenta un déficit del 20% incluyendo la reserva necesaria. Pero el verdadero problema es que no puede haber soluciones por parte de la oferta hasta 2011, aunque se cumpliese a rajatabla el optimista programa de incorporaciones previsto por el Gobierno. Ese plan de equipamiento lanzado por el gobierno, además de Atucha II, aumento de cota en Yacyreta, las centrales térmicas de ciclo combinado en Santa Fe y en Campana y los 100MW eólicos, incluye también cogeneración de industrias, y una suma de centrales térmicas fijas e itinerantes menores, haría posible incorporar unos 5500MW en el transcurso de los años 2008, 2009 y 2010, todavía insuficientes para cubrir el déficit actual más el crecimiento normal de la demanda en los próximos 3 años, ambos factores superan los 6000 MW. También es necesario mencionar que el 80% de ese nuevo equipamiento previsto requerirá de combustibles de origen fósil y que el Estado se hará cargo de casi el 80 % de la inversión necesaria. Sin embargo para mantener esa situación con posterioridad, se deberán incorporar unos 1500MW por año, los que lamentablemente deberán seguir siendo térmicos hasta el 2013, ante la imposibilidad que establecen los plazos de construcción de centrales hidráulicas, nucleares y eólicas, no menores a los 6 años, deteriorando aún más el déficit de hidrocarburos, en particular de gas natural y gas oil. En este sentido cabe destacar que el Gobierno ha decidido promover la generación hidráulica a través de proyectos muchas veces postergados como los binacionales Corpus, en el alto Paraná con Paraguay, Garabí en el río Uruguay, con Brasil y los nacionales entre los que sobresalen los del río Santa Cruz – Condor Cliff y Barrancosa y el proyecto Chiuido en el río Neuquén, pero ninguno de ellos podrá empezar a producir antes de 6 años, por lo que sería recomendable su lanzamiento a la brevedad, siempre que el principal obstáculo, el financiero, pueda resolverse. Otro tema no menos importante a atender en la transición será el desabastecimiento de la demanda, mientras se concretan las obras mencionadas. En este caso, para mitigar el problema, solo se puede actuar sobre el consumo informando a la opinión pública del problema, educando sobre el uso racional de la energía, y “racionalizando el racionamiento” del abastecimiento cuando sea menester cortar el servicio. Lo que se hizo hasta ahora, cortarle el suministro a más de 5000 empresas, mientras en el sector residencial se fomentaba el derroche ocultando el problema y con las tarifas más bajas del mundo, tiene un costo socio económico mayúsculo, además de fomentar la inequidad. Hay que actualizar las tarifas residenciales a niveles acordes con los costos, manteniendo solo subsidiadas aquellas correspondientes al estrecho segmentos de usuarios sin posibilidades ciertas de pagar lo que corresponde. El gas natural y el gas oil, participan con más del 50% en la generación eléctrica y dentro poco, como ya se dijo, esa participación crecerá un 30% a raíz de las nuevas incorporaciones de generación térmica. Esta realidad indica que urge resolver el tema del abastecimiento de gas natural y derivados del petróleo. De no hacerse nada, la alternativa será la importación que es una solución para nada recomendable desde el punto de vista económico, teniendo la posibilidad de desarrollar nuestras propias reservas. La energía requiere de proyectos con largos períodos de maduración y de grandes inversiones, en consecuencia para un manejo adecuado es necesario contar con políticas de estado que superen las especulaciones electorales bianuales y planes estratégicos de largo plazo. Cabe aquí traer como ejemplo la experiencia brasileña donde, en un territorio con menores probabilidades de contener hidrocarburos que el nuestro, con una política petrolera independiente de las coyunturas políticas de las últimas décadas, y recurriendo a una actualización permanente de herramientas de administración y tecnológicas, logra un horizonte de autoabastecimiento y de saldos exportables. Pero para ello debió efectuar cambios profundos, como la apertura al sector privado a través de concesiones, una modernización e internacionalización de Petrobras, empresa que reinvirtió su renta petrolera en el costosísimo desarrollo off-shore, y abrió su capital accionario al mercado bursátil de todo el mundo. Mientras tanto Argentina sigue pensando en el gas de Bolivia, cuando hoy ese país no puede cumplir con los compromisos mínimos que representan solo el 5%, del gas que producimos, y lo pagamos 3 veces de lo que se le paga al petrolero en la Argentina. Se importan cantidades crecientes de gas oil, a valor internacional y se importa electricidad de Brasil a precios que triplican los internos. Simultáneamente se aumentan las retenciones, no se actualizan los precios ni las tarifas energéticas, no se cuenta con contratos de concesión actualizados, hay un clima de inseguridad jurídica al reemplazarse frecuentemente a las instituciones y a los marcos regulatorios por arbitrarias decisiones de funcionarios que desconocen el sector energético y, si bien el equilibrio inestable se logra con los subsidios, con este panorama no aparecen los inversores ni aparecerán los créditos. El equipamiento eléctrico y el desarrollo de nuestros recursos hidrocarburíferos, más arriba descriptos y que son necesarios para salir de la crisis y mantener una oferta energética que acompañe al crecimiento del país, requieren de una inversión del orden de los U$ 3.500 millones por año en la próxima década y esa cifra solo el Estado no puede hacerla. Se requerirá del aporte de inversores privados y del crédito internacional, tanto privado como de organismos multilaterales. Por eso sería necesario que este Gobierno al que le tocará administrar la crisis y crear las condiciones para superarla, introduzca los cambios que tornen a nuestro país mas amigable a las inversiones. La prioridad, a mi criterio es reducir la componente fósil en nuestra ecuación energética, a través de sistemas de transporte más eficientes, de retomar el desarrollo nuclear paralizado desde hace un cuarto de siglo, desarrollar el potencial hidroeléctrico hoy aprovechado en un 50%, y avanzar en la tecnología para el desarrollo propio y a escala adecuada- no 100 MW en 3 año - de los aero generadores .También recuperar el autoabastecimiento petrolero explorando áreas con potencialidad en on y off shore, relegadas por señales inadecuadas en los últimos tiempos. Como se puede apreciar son varios los temas a encarar en el área de la energía y que no admiten más postergaciones, y el principal condicionante a resolver consiste en conseguir los capitales de riesgo necesarios. |
Fuente: FUNDACIÓN ATLAS.
Consultor en temas energéticos, Ex Secretario de Energía y Minería de la Nación