Miopía ideológica-después de 18 años al frente de la Intendencia.
[EDITORIAL]
Miopía ideológica
Acosada por el fracaso de la política municipal en Montevideo respecto del tema candente de los carritos de hurgadores, la intendente interina, Hyara Rodríguez tuvo palabras que, para ser magnánimos, fueron poco felices. Sostuvo la jerarca comunal que la culpa del aumento de estos vehículos irregulares que circulan a todas horas por la ciudad, la tienen las "políticas neoliberales que destrozaron el país" ejecutadas por gobiernos blancos y colorados, mientras que su fuerza política intenta "reconstruir" y solucionar un tema que poco menos les fue heredado, sin beneficio de inventario.
Las palabras de la jerarca frenteamplista, más allá de esta historia aburrida del malvado "neoliberalismo", que ya suena como el cuento del lobo feroz para que los niños tomen la sopa, comete al menos dos groseros errores de concepto, de los que sería conveniente que se desasnara. Eso, si en verdad tiene interés en solucionar este tema que genera honda preocupación entre los montevideanos.
El primer error, asombrosamente común entre los funcionarios frenteamplistas, es sostener que en Uruguay hubo algún gobierno que aplicó algo similar al neoliberalismo. Basta señalar que se trata de un país donde el principal empleador es el Estado, donde todas las empresas de servicios están en manos del Estado, donde la carga impositiva sobre los ciudadanos según estudios llega al 40% en los estratos de clase media, y donde las leyes sociales y laborales son protectoras hasta límites asombrosos.
Además, una mirada a los sucesivos gobiernos desde la caída de la dictadura, muestra que tampoco fue ésa su impronta. Pocos se animarían a sostener el ex presidente Sanguinetti, quien se opuso a la privatización de las empresas públicas, y que está mucho más cerca de un Felipe González que de Menem, ha sido seguidor de la escuela de Chicago. Por su parte, los períodos de los ex mandatarios Jorge Batlle y Lacalle, si bien personalmente se los puede situar más cerca de esa concepción filosófica, ya sea por la cerrada oposición que debió enfrentar uno, o la dramática crisis que sufrió el otro, poco margen tuvieron como para impulsar reformas de fondo que fueran en ese sentido. Probablemente, las únicas excepciones hayan sido las reformas de la telefonía celular y la portuaria, cuyos éxitos hoy nadie discute.
En Uruguay, para bien o para mal, nunca hubo nada ni cercano a reformas neoliberales en serio, y por lo tanto, el que busque justificar en ello sus fracasos, o le falta información o tiene muy mala fe.
Y ahí llegamos al segundo punto en el que la intendente interina erra "fiero". La evolución del número de carritos de hurgadores, con cifras que parten de la propia Intendencia, dan la pauta de su confusión. Dice la IMM que en el 2002 había unos 5.300 carros en la ciudad, el doble que en 1990, y que luego en 2004 se censaron 7.700 vehículos de este tipo, los que subieron a 10.000 en 2008. O sea que entre 2002 y 2004 en el pico de la crisis que azotó al país, el número de carros creció en unos 2.500, pero en los siguientes tres años (de florecimiento económico sin par e inversiones masivas en políticas sociales, según dice Astori) aumentamos a un ritmo de mil carros por año. ¿Entonces? Parece que tal como sucede con los compatriotas que emigran, los hurgadores no se enteraron todavía, del amanecer de esta nueva era política. ¿O será que también son consumistas?
Más allá de todo esto, el peor error de concepto que suelen tener los dirigentes frenteamplistas y que surge cada vez que chocan con un problema que supera sus acotados esquemas ideológicos, es el de pensar que hay gente en Uruguay que es insensible a la pobreza y que no le importa solucionar el tema de los hurgadores, sino que simplemente salgan de su vista. Por allí se ven los bizarros murales del senador Michelini que llaman a "un país sin pobres", como si alguien en este mundo no quisiera eso.
El nudo del problema es que los carros representan un serio problema de higiene y seguridad vial, que su solución es un tema de buena gestión municipal, que por algo en países muchísimo, pero muchísimo más pobres que Uruguay, no hay nada parecido, y que si después de 18 años al frente de la Intendencia, el partido de gobierno no ha logrado ni siquiera reducir el ritmo de crecimiento de los mismos, tal vez deberían sacarse la venda ideológica y asumir su fracaso.
Fuente: EL PAÍS, de Montevideo.