Derrotando sus propias metas-algunos sectores del Frente Amplio piden “más izquierda”
Derrotando sus propias metas
Es bastante confuso el reclamo de algunos sectores poderosos del Frente Amplio de “más izquierda” en lo que queda de este período y durante el quinquenio siguiente si retienen el gobierno. El MPP de José Mujica y los partidos Socialista y Comunista han acordado presionar por un programa que mezcla contradictoriamente postulados loables con otros que los traban y que van desde el voluntarismo hasta el error directo. Para profundizar los cambios ya realizados exigen mejores salarios, más justicia social para que no haya pobres, más presencia del Estado en la vida nacional y promoción de la unidad latinoamericana.
La vaga fragilidad de estos planes está ejemplificada en la renovada controversia sobre un tratado de libre comercio con Estados Unidos, ruta idónea hacia el mayor bienestar de los trabajadores y sus familias pero frenado por resabios ideológicos fuera de época y por la ilusión de quienes parecen creer que la prosperidad se saca milagrosamente de la galera. La polémica fue renovada por el vicepresidente Nin Novoa y el propio Mujica, quienes se muestran proclives a volver a pensar en un TLC con Estados Unidos. Los sectores del FA con menor visión de la realidad persisten en ver en la primera potencia mundial un ogro que tienta a pequeños países débiles para devorarlos en su cueva imperialista.
La realidad es otra. Incrementar la penetración a nuestro principal socio comercial, junto con Brasil, abre el camino a más producción, exportaciones y trabajo, que es la única forma de generar bienestar. La oposición a un TLC, que Nin Novoa y Mujica ahora quieren reconsiderar en el Congreso del FA, se agregó a la hostilidad de los socios mayores del Mercosur para inducir al presidente Vázquez a rechazar el TLC que nos ofrecía Washington y del cual el mandatario se había declarado partidario.
Para mejorar salarios y combatir la pobreza como parte de la justicia social se necesita alentar la inversión y producción del sector privado, como sucedería con el TLC, para que el gobierno recaude más a través de los impuestos y disponga de más recursos para asignarlos a mejorar las condiciones de vida de la gente. Reclamar todavía más presencia del Estado va contra la promoción de la actividad privada, esencial para que puedan financiarse programas sociales de mayor amplitud y alcance. Y es el sueño de una noche de verano pedir unidad en un continente dividido irremisiblemente en gobiernos que van desde el centrismo liberal de Colombia y Perú o la izquierda moderna –como Chile, Brasil y Uruguay– hasta el extremismo autoritario de los imitadores de la Cuba castrista, como Venezuela, Bolivia y, en grado menor, Ecuador.
Fuente: EL OBSERVADOR, de Montevideo.