(ECONOMÍA)-¿Cuándo comienza una crisis? - por Juan Carlos de Pablo*
¿Cuándo comienza una crisis?
por Juan Carlos de Pablo*
Al día siguiente al de una relación sexual que genera un embarazo involuntario, la crisis está “gestada” aunque todavía nadie la nota; de la misma manera que en los 5 minutos siguientes al momento en que una persona termina de tomarse media botella de whisky sin parar, la crisis está gestada aunque todavía nadie la nota.
De esto me estaba acordando porque el informe de J. P. Morgan del 17 de diciembre de 2007 incluyó un gráfico que muestra la evolución temporal de la tasa de morosidad en las hipotecas en Estados Unidos, entendiendo por tal la proporción de las hipotecas con cuotas impagas durante 60 o más días. El eje horizontal, naturalmente, mide el tiempo mientras que el vertical mide la tasa de morosidad. El gráfico arranca en 1992 y termina a fines de 2007.
La curva es notable. Arrancó en prácticamente morosidad cero en 1992, subiendo hasta aproximadamente 10% en 1996. Desde entonces fluctuó entre 5% y 10% hasta ¡fines de 2006! En particular cayó entre 2002 y 2006. Pero desde los últimos meses de 2006 comenzó a subir de manera significativa, ubicándose a fines de 2007 en… ¡25%!, es decir, una de cada 4 hipotecas está en dificultades.
A la luz de la crisis de las hipotecas de alto riesgo que, principalmente en Estados Unidos, se desató durante la segunda mitad de 2007, Alan Greenspan, quien desde 1987 ocupaba la titularidad del Sistema de la Reserva Federal, recibió gran cantidad de críticas por su política de tasas de interés bajísimas, y sobre todo por la falta de monitoreo de las operaciones realizadas por entidades financieras (casualmente el FED está ahora pensando en pedirle a las entidades hipotecarias, que demuestren de manera realista que los nuevos deudores están en condiciones de pagar sus deudas. Una iniciativa muy difícil de implementar).
Greenspan se defiende diciendo que la reducción de tasas estaba justificada, en función de lo que entonces ocurría con la macroeconomía, y que aún en este mundo on line (en tiempo real) es imposible monitorear la operatoria de las instituciones financieras.
Debate eterno. Estas líneas enfatizan otro aspecto de la cuestión, que puede plantearse en los siguientes términos: ¿en qué medida las series estadísticas resultan ser buenos “semáforos” de problemas que se generan o se avecinan? La pregunta es importante porque si hubiéramos puesto un robot a monitorear la serie de morosidad en hipotecas, hasta fines de 2006 no solamente hubiera exclamado “no hay ningún problema” sino que encima hubiera dicho “el problema está disminuyendo”.
El problema no está en la serie estadística, el problema está en la lectura (o interpretación) que se le da a la serie estadística. Tal lectura, inevitablemente, tiene que tener detrás una teoría. En Argentina, a partir de 2003, el PBI real creció de manera significativa (hasta 2006, sin cuestionamientos al INDEC). Esto es un hecho. ¿Crecimiento “porque ahora llegaron los que saben”, o como dice Contexto, fortísima recuperación, luego de una gran crisis? Esto no se responde desde los números, sino desde la teoría.
En todas las profesiones ocurre lo mismo. Si Naciones Unidas me contrata para espiar si Irán está efectivamente utilizando sus instalaciones nucleares para fines pacíficos, o para armar una bomba atómica, por más que me pasee por las fábricas y depósitos no voy a descubrir nada. Porque me falta la teoría para… “mirar”.
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Vivimos rodeados de “problemas de identificación”, por lo cual con frecuencia una misma serie estadística admite más de una lectura congruente. Como consecuencia de lo cual dentro de la profesión muchas veces se le da “el beneficio de la duda” a ciertos esquemas de política económica. Pero la profesionalidad consiste en monitorear el referido beneficio, por ejemplo desde el punto de vista del tipo de medidas adoptadas, el tiempo involucrado en su maduración, la intensidad de las referidas medidas, la lectura de los primeros resultados, etc., poniendo la cabeza fría al servicio del corazón caliente, es decir, evitando engolosinamientos “políticamente correctos” pero que lejos de ser parte de la solución se convierten en parte del problema.
La crisis hipotecaria de Estados Unidos es un buen ejemplo. Cuando en vez de financiar una porción del valor del inmueble se lo financió todo, cuando en vez de financiar a un deudor “sólido” se financió a otro “de alto riesgo”, cuando demasiado poder quedó en manos del empleado que vive de la comisión de venta y no del cobro de la hipoteca, tanto la profesionalidad como el sentido común dicen que eventualmente, algo iba a ocurrir.
Aunque, como muestra el grafico que inspiró estas líneas, y el par de ejemplos planteados en el párrafo inicial, transcurra algún tiempo entre el momento en que se genera la crisis y aquel en el cual se ven los efectos.
Fuente: FUNDACIÓN CARTA POLÍTICA, Argentina.