Subdesarrollo-La unidad latinoamericana fue siempre una entelequia
LA FRUSTRACIÓN HISTÓRICA NO ES UN TEMA DE CLASES NI DE TENDENCIAS POLÍTICAS | |
Subdesarrollo | |
La unidad latinoamericana fue siempre una entelequia | |
Triple alianza. Una guerra entre vecinos que aniquiló a Paraguay en el XIX |
POR LINCOLN R. MAIZTEGUI CASAS | |
América Latina surgió a la vida independiente con aspiraciones de destino manifiesto. Un territorio amplio y riquísimo, una lengua común, el cristianismo como filosofía de vida y la asunción del liberalismo democrático como signo distintivo. La fraternidad construida por encima de los naturales recelos heredados del foralismo hispánico parecía un objetivo natural y perfectamente accesible, y el “Nuevo Mundo” se proyectaba como tierra de promisión y prosperidad. Ya el libertador Simón Bolívar realizó el primer intento de construir la Gran Colombia, en el Congreso Anfictiónico de Panamá de diciembre de 1824, y aquel fue el primer fracaso. Artigas y Rosas, que soñaron en construir un amplio Estado federal sobre lo que fuera el virreinato del Río de la Plata, no pudieron evitar la atomización del área. La unidad latinoamericana fue siempre una entelequia, una tentativa que quedó en las declaraciones y la retórica, que ni siquiera logró traducirse en el modesto objetivo de generar un área comercial común. Entre 1836 y 1851 Argentina, Uruguay y Brasil se enfrentaron, con la participación de Francia e Inglaterra, en la llamada Guerra Grande, que finalizó con la falaz declaración de “ni vencidos ni vencedores”, cuando en la realidad todos salieron perdiendo. Cuando el Paraguay, bien o mal, inició un camino autárquico de desarrollo que generó grandes expectativas, los vecinos invadieron el país y lo destruyeron en la guerra de la Triple Alianza (1865-1870). Entre 1879 y 1884 intereses geopolíticos y aspiraciones de controlar áreas ricas en salitre, guano y cobre derivaron en una guerra que enfrentó a Chile contra la asociación peruano-boliviana, que se saldó con la pérdida de Bolivia de su salida al mar y con territorios peruanos que pasaron a manos chilenas. El descubrimiento de petróleo en el Chaco Boreal llevó a la sangrienta Guerra del Chaco (1932-1935) entre Paraguay y Bolivia, que pusieron los héroes y los muertos en beneficio de las empresas petroleras Standard Oil y Shell. Todos estos conflictos y otros menores, como la llamada “Guerra del Fútbol” librada entre El Salvador y Honduras en 1969, debilitaron a las naciones latinoamericanas y reforzaron la dependencia respecto a los estados industriales. En ese panorama, las reuniones de presidentes, con sus tradicionales fotos en las que aparecen abrazados y fingiendo una hermandad que los hechos desmienten, se parecen bastante a una burla. Algunos albergaban sin embargo una esperanza. La unidad continental –afirmaban– no había sido posible por los mezquinos intereses de las burguesías locales. Cuando gobernase la izquierda, expresión política del pueblo trabajador, el antiguo ideal por fin se plasmaría, radiante e indestructible. Pero hoy, cuando la gran mayoría de las repúblicas americanas tienen gobiernos que son o se dicen de izquierda, la realidad no puede ser más desalentadora: el fracaso del Pacto Andino y del Mercosur, los conflictos entre Uruguay y Argentina por la planta de Botnia, los problemas entre Brasil y Bolivia por el gas y la tensión insoportable creada entre Venezuela, Colombia y Ecuador muestran la pústula de una infección que sigue carcomiendo la salud del continente. Sólo cabe concluir que esta frustración histórica no es producto de un tema de clases ni de tendencias políticas; es la expresión más cabal de eso que se ha dado en llamar subdesarrollo. |
Fuente: EL OBSERVADOR, de Montevideo.