La Bolivia de Evo Morales-Más de dos años de gobierno y una sucesión de traspiés
El escenario
Más de dos años de gobierno y una sucesión de traspiés
Martes 6 de mayo de 2008 | Publicado en la Edición impresa
SANTA CRUZ DE LA SIERRA (De un enviado especial).- Para un amplio sector de la sociedad boliviana, que incluso votó por Evo Morales en 2005, el sentimiento de desilusión creció de forma inesperada.
A dos años y medio de su llegada a la presidencia, Bolivia atraviesa una inesperada crisis política, la nacionalización de las empresas de hidrocarburos no trajo los beneficios esperados ni logró dinamizar la economía, y en términos sociales no se alcanzaron las mejoras esperadas.
"Las causas justas fueron defendidas con estrategias equivocadas", sintetizó el analista político y economista Gonzalo Chávez.
Nadie niega el fuerte impacto simbólico y moral que implicó la llegada al poder de Evo Morales: por primera vez, un indígena ganaba las elecciones bolivianas y encima lo hacía con el 54% de los votos, un resultado inédito. Nadie imaginaba que antes de llegar a la mitad de su mandato iba a dilapidar semejante capital político.
El principal objetivo político del gobierno, su mayor legado, iba a ser la elaboración de una nueva Constitución para "refundar" Bolivia. Pero ese proyecto hoy se encuentra absolutamente empantanado, luego de haber sido aprobado en una Asamblea Constituyente sin presencia de la oposición y en medio de disturbios callejeros.
"Es una Constitución que ha nacido muerta. No tiene consenso. Es imposible de aplicar fuera de los bastiones oficialistas. Más allá de los palos puestos por ciertos sectores de la ultraderecha durante la Asamblea, el gobierno no supo fijar criterios comunes en temas específicos para que la Constitución sea viable", explicó el profesor en Ciencia Política Diego Ayos.
Hoy, el gobierno atraviesa su peor crisis y lo más llamativo es que esto sucede en momentos en que no hay del otro lado un claro líder opositor. "¿Quién es el rival de Evo Morales en Bolivia?", se podría preguntar cualquier observador externo ante una oposición que no cuenta con un referente que pueda unificarla.
Ciertamente, las regiones "rebeldes" que buscan ponerle freno al proyecto de Evo Morales son las más poderosas económicamente, pero también las más desintegradas en cuanto a liderazgo político. Los clásicos partidos bolivianos virtualmente desaparecieron del mapa, y muchos consideran -incluso dentro del oficialismo- que los propios errores del gobierno llevaron al fortalecimiento de la oposición regional, encolumnada detrás del reclamo autonómico.
Nacionalización infructuosa
Según el analista Chávez, Bolivia no supo aprovechar un contexto económico favorable. La nacionalización de los hidrocarburos, que puso fin a los contratos leoninos de una privatización mal llevada, estancó la inversión extranjera, así como la producción y la investigación.
"El gobierno logra la nacionalización, pero resulta totalmente imprudente. La nacionalización no se tradujo en una mayor presencia del Estado en la economía, sino en repartir cargos públicos. Es un nacionalismo político, no económico, y poco propenso a tornar más productiva la economía. Es más bien clientelista y ahuyenta inversiones", estimó Ayos.
La inversión extranjera directa neta fue de 204 millones de dólares en 2007, contra más de 400 millones antes de la llegada de Morales al poder. Por otro lado, hace cinco años se exploraban 60 pozos petroleros por año, contra dos actualmente, por carencia de inversión.
Esto llevó, en parte, a que Bolivia, el país más pobre de América del Sur, haya tenido en 2006 y 2007 niveles de crecimiento inferiores al resto de la región.
Finalmente, en lo que se refiere a los avances sociales, uno de los principales objetivos de Evo Morales, aún no se han visto los cambios estructurales esperados.
Se avanzó mucho en el tema simbólico de la inclusión social. En un país como Bolivia, con una fuerte población indígena tradicionalmente excluida, el gobierno hizo hincapié en incluirla, pero muchos estiman que esto se limitó a lo discursivo.
"En cuanto a lo social, no tenemos reformas estructurales significativas. El bono Juancito Pinto [un incentivo económico para combatir la deserción escolar] no debe ser más que un engranaje de una maquinaria que en la realidad no ha sido implementada. En el fondo, no cambia nada", concluyó Ayos.
Fuente: LA NACIÓN, de Buenos Aires.