Bolivia: Ganó el no a un plan hegemónico-Por Susana Seleme Antelo
Opinión
Ganó el no a un plan hegemónico
Por Susana Seleme Antelo
Para LA NACION
Lunes 5 de mayo de 2008 | Publicado en la Edición impresa
El departamento de Santa Cruz acaba de ratificar la importancia de las regiones en un país como Bolivia, cuyas diferencias abarcan, según sus propios ciudadanos, la calidad multicultural, plurilingüe e intercultural que el gobierno de Evo Morales se ha esforzado por desconocer. La reivindicación autonomista cruceña y de otras regiones, al contrario de lo que afirma el gobierno, apunta a una reforma estructural del Estado, la más importante de la historia de la Bolivia moderna: pasar de un Estado centralista a un Estado unitario con autonomías. La autonomía que busca la región parece no dejar dudas: más del 80% dijo sí a los estatutos y, salvo algunas escaramuzas, la jornada fue de fiesta y compromiso con la autonomía. El impulso autonomista cruceño, que comenzó hace más de un siglo, confirma aquello de que la totalidad es la síntesis de múltiples determinaciones. Hoy, haciéndose eco del signo del nuevo tiempo, Santa Cruz apuesta por la autonomía como forma de gobierno regional, que no rompe la unidad geográfica territorial del país ni la unidad de los bolivianos. Rompe, sí, con un proyecto político hegemónico que anima al oficialismo, que ejerce un poder centralista. En esa práctica, que ha desconocido durante siglos la cuestión regional, hay que buscar los orígenes del conflicto Estado central-regiones, que por lo demás no es patrimonio de Bolivia, sino que se repite a lo largo y ancho de la historia de América latina y el mundo. Lo que ha estado y está en juego en Bolivia no es su división, sino la lucha política de cuatro departamentos (Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando) que ya ganaron su autonomía en un referéndum, el 2 de julio de 2006, cuyos resultados el gobierno desconoció. Ese desconocimiento llevó a estas regiones al referéndum de ayer. Los estatutos no son una obra acabada y estática. Son el instrumento del proceso autonómico que, como todo proceso, tomará tiempo y más esfuerzo. Lo que busca el estatuto es mayor justicia y equidad social, mejor redistribución del ingreso, más inclusión, más solidaridad, más desarrollo, más empleos y gobernanza. Es decir, transparencia y participación social a partir de la igualdad democrática, el respeto a la pluralidad política y el reconocimiento de ciudadanía, independientemente de dónde hayan nacido las personas.
La autora es columnista del diario El Deber, de Santa Cruz.
Fuente: LA NACIÓN, de Buenos Aires.