Sobreviviente y eterna Praga-Por Susana Reinoso
Sobreviviente y eterna Praga
Por Susana Reinoso
Jueves 24 de abril de 2008 | Publicado en la Edición impresa
PRAGA.- Es un milagro que esta ciudad esté viva. Que reciba un promedio de 12 millones de turistas al año. Que los jóvenes europeos la elijan como destino de fin de curso. Y que el gobierno checo se haya avenido a recibir la ayuda de la Unión Europea para la restauración de monumentos y edificios históricos. En la Praga que sigue siendo la de Kafka -por lo menos así se imprime en el imaginario occidental- y la del cristal de Bohemia, que se convierte en todo tipo de objeto para turistas, el consumo se expande sin pausa.
Joya de la corona austro-húngara, sitiada por dos guerras mundiales, asolada por la invasión nazi y sojuzgada por el comunismo, cuesta entender cómo hizo Praga para no quedar convertida en polvo y espanto. Atracciones mayores como el barrio de Josefov (el antiguo gueto de la ciudad), con el Museo Judío, la Sinagoga Española y el antiguo cementerio, con sus 12.000 monumentos de piedra, entre los cuales la gente acude a buscar el del rabino Loew, inventor de El Golem en el siglo XV, provocan el interés de la nueva burguesía rusa que la elige como destino turístico y gasta fortunas sin elegancia y con ostentación.
Si Borges, Sabato y Cortázar consiguieron en esta tierra lectores fieles fue gracias al comunismo. Cuentan los checos que los rusos pensaban que nada peligroso llegaría de América latina. "Un libro de alguno de ellos volaba de las librerías del Estado. La gente era capaz de esperar horas para conseguir su ejemplar", cuenta Paulina Sismisova, una profesora universitaria dedicada a la traducción de autores hispanoamericanos.
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La tradición cultural checa pasa por el teatro. Cuando los checos salen eligen el teatro, antes que el cine. Lo confirma el dramaturgo argentino Eduardo Rovner, presente en la I Bienal Kafka/Borges, cuya obra Volvió una noche cosecha aplausos desde hace tres años. Rovner hablará sobre "Teatro y literatura" en la Feria del Libro de Praga, que se inaugura hoy. De todos modos, en tiempos globales nadie está a salvo de consumir la peor literatura. Cunde el interés de la gente por comprar best sellers . Ya es difícil conseguir traducciones de Borges, Cortázar o Fuentes. Como dato más alarmante, Milan Kundera ha prohibido la traducción al checo de sus últimas obras.
Cuentan aquí que el escritor, que ha hecho de su hermetismo con la prensa un culto, se queja del trato que aquí se le dispensa. ¡Si todavía hay gente que le reclama a Kafka que escribiera en alemán!
sreinoso@lanacion.com.ar
Fuente: LA NACIÓN, de Buenos Aires.