Referendums en BOLIVIA:Un resultado que suma más presión sobre el gobierno
El escenario
Un resultado que suma más presión sobre el gobierno
Por Dolores Tereso
De la Redacción de LA NACION
Lunes 2 de junio de 2008 | Publicado en la Edición impresa
Los resultados de los referéndums autonómicos en las rebeldes Beni y Pando volvieron a mostrar una foto a la que ya están acostumbrados los bolivianos: la de un país dividido, políticamente polarizado y regionalmente fracturado.
Tildadas de ilegales y separatistas por el gobierno de Evo Morales, difícilmente estas consultas logren aplacar en algo la crisis política que sacude al país y que amenaza con agravarse después de los referéndums revocatorios previstos para el 10 de agosto, que podrían poner fin a los mandatos del presidente y de los gobernadores de las nueve regiones de Bolivia.
Más allá de ahondar la actual crisis, los resultados de ayer refuerzan la presión sobre Morales y potencian el reclamo de la oposición a favor de un sistema más federalista, frente al proyecto constitucional estatista y centralista del mandatario.
La gran pregunta es si estas consultas, sumadas a las de Santa Cruz y Tarija, forzarán al gobierno a negociar y alcanzar el tan ansiado acuerdo con la oposición o si sólo reforzarán la polarización y radicalizarán las posturas de las dos partes.
"En Bolivia tenemos dos escenarios que corren en paralelo. Por un lado, este espacio de confrontación en torno a los referéndums sobre los estatutos autonómicos. Por el otro, el intento de diálogo que se está llevando a cabo en el ámbito parlamentario entre oposición y oficialismo", explicó a LA NACION desde Bolivia Fernando Mayorga, analista político y director académico del Centro de Estudios Superiores Universitarios (CESU).
El objetivo de esas negociaciones, en las que por ahora participa la oposición tradicional (representada por los partidos), pero a las que podrían sumarse los gobernadores de las regiones rebeldes, es conciliar los estatutos autonómicos con el proyecto de Constitución de Morales.
"Si hay un acuerdo, se habrá resuelto gran parte del conflicto político", dijo Mayorga, que estimó que ese pacto podría incluir la suspensión de los referéndums revocatorios, que no convencen del todo al gobierno ni a los líderes opositores.
Sin acuerdo
Pero un acuerdo entre ambas partes parece difícil, dadas las divisiones en la oposición -entre la partidaria y la regional- y porque un pacto de ese tipo tendría un alto costo político para Morales, cuyos seguidores podrían no perdonarle el abandono del proyecto constitucional con el que prometía "refundar" Bolivia.
"Si no hay acuerdo, vamos a tener un incremento de la conflictividad y vamos a llegar a los referéndums revocatorios con un país cada vez más polarizado y fracturado", advirtió Mayorga.
En caso de que finalmente se celebren esos referéndums, la eventual ratificación de Morales y los gobernadores en sus cargos tampoco alcanzaría para poner fin a la crisis.
"Aun en el supuesto de que el gobierno gane, no va a ser una victoria. El país no va a estar mejor después del 10 de agosto porque no se habrá resuelto el problema de fondo, que es la redacción de la nueva Constitución", dijo Jorge Lazarte, analista político y ex magistrado de la Corte Nacional Electoral de Bolivia. "Lo más probable es que ese resultado ratifique la división del país en dos partes."
Con él coincidió Gonzalo Chávez, economista y analista político de la Universidad Católica Boliviana. "El referéndum del 10 de agosto tampoco resuelve nada. Va a mostrar el mismo escenario electoral: un país dividido al que le sacan fotos de todos lados, siempre con el mismo resultado", dijo.
De lo que no tienen dudas los analistas es de que detrás de esta crisis, que provoca alarma en la región, hay en marcha un proceso imparable, y caótico de descomposición del actual sistema político boliviano.
"La regionalización de la política es la consecuencia de ese proceso. La sociedad busca otras referencias, y la reivindicación de las autonomías regionales es una expresión de ello", explicó el analista político Cayetano Llobet.
Fuente: LA NACIÓN, de Buenos Aires.