BRASIL:Donde la prosperidad aún no cierra heridas-
Brasil hoy / Nota II de III Donde la prosperidad aún no cierra heridas El "milagro" económico no llega a ocultar la pobreza y la desigualdad social; la redistribución de la riqueza, el gran desafío Lunes 2 de junio de 2008 | Publicado en la Edición impresa RIO DE JANEIRO.- Desde el tradicional y encantador bar Vinicius, en el corazón de Río de Janeiro, Brasil se ve igual que hace tres décadas, cuando el movimiento musical de la bossa nova estaba en su apogeo y los economistas lo denominaban "Belindia", porque el mapa social del país reflejaba una peligrosa combinación entre la rica Bélgica y la pobre India.
Sin embargo, si uno camina tan sólo unos metros por la calle Vinicius de Moraes, ya puede observar el cambio generado por la globalización al toparse con un exclusivo negocio de ropa que ofrece prendas estampadas con la letra de la famosa canción Garota de Ipanema , que hasta hace unos años sólo se vendían en el mostrador del bar que lleva su nombre.
Brasil se volvió más rico: su economía crecerá 5,5% este año y viene creciendo al 4% desde 2003; además, las reservas del Banco Central rondan los US$ 200.000 millones, y las inversiones que recibió en 2007 se ubicaron al tope de los países de América del Sur, en una clara muestra del éxito de la estrategia de seducción del gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva hacia los inversores, que hace seis años desconfiaban de este ex líder sindical.
Pero el país sigue abrumado por la desigualdad social y la pobreza, como se ve a una cuadra del bar Vinicius, donde un hombre busca algo para comer en un tacho de basura mientras otros cariocas disfrutan en la atestada playa de Ipanema durante el feriado de Corpus Christi.
El coeficiente Gini, que refleja el grado de desigualdad de una sociedad, está en 0,56 (el nivel 0 marca la mayor equidad y el 1 lo contrario), por encima del 0,48 de la Argentina y de otros países de la región y claramente lejos del 0,29 de Dinamarca. Estas cifras pueden ser constatadas en vivo y en directo por los turistas, que, si se aburren de las playas, pueden hacer un "Favela Tour" por US$ 29, tal como promociona una empresa de viajes en estos días, para visitar durante unas tres horas una villa miseria.
Alguien podría decir que esta postal ya es vieja para un país que abolió la esclavitud recién a fines del siglo XIX y en el que la población negra todavía gana un 50% menos que sus pares blancos.
Pero el paso del tiempo no vuelve menos violenta la amplia brecha social: a mediados de mayo, el Instituto de Pesquisa Económica Aplicada, perteneciente al gobierno, indicó que el 10% más rico concentraba el 75,4% de los ingresos del país, un abismo que se observa claramente desde San Pablo hacia el norte del país y que el promocionado plan Hambre Cero de Lula no logró reducir.
Sin embargo, tanto el gobierno como los economistas y los empresarios afirman que el crecimiento en estos últimos años ha sido inclusivo. El gobierno destaca que desde la llegada de Lula al poder la política económica combinó el crecimiento con una redistribución del ingreso clave, ya que se crearon 10 millones de empleos nuevos, se duplicó el ingreso de los trabajadores y se implementó un conjunto de políticas sociales, como el programa Bolsa de Familia (subsidio) para 40 millones de personas, con acceso a la electricidad y la educación.
El influyente asesor presidencial Marco Aurelio García se negó a convalidar el consenso generalizado de que el gobierno de Lula mantuvo los mismos ejes de política económica que su predecesor Fernando Henrique Cardoso. "Estuvo ocho años en el gobierno y no hizo nada, simplemente porque pensaba que había una parte de la población que no podía ser incluida, mientras que nosotros reinstalamos la idea de movilidad social", comentó en tono de queja.
Edmar Bacha, uno de los padres del Plan Real, que permitió la estabilización económica desde 1993, retrucó con una sonrisa que no hubo tal quiebre, pero admite que el ingreso de los pobres mejoró desde 2003, "aunque sigue siendo terrible". "Hay más empleo, se generalizaron una serie de programas que empezaron en el gobierno pasado para formalizar a las pymes y dar subsidio a la gente más pobre, y aumentó el salario real", afirmó Bacha, ahora en su cargo de asesor senior del poderoso banco Itaú.
Además de basarse en las políticas de apoyo estatal, la movilidad social se vincula con el impresionante crecimiento en el crédito bancario para los sectores más humildes, que antes estaban completamente fuera del sistema de consumo.
El "crédito consignado", por el que un trabajador accede a una suma a cambio de un descuento en su haber, ya disparó más de 15.000 millones de reales para la compra del primer auto de millones de brasileños, que también comenzaron a adquirir viviendas.
Se trata, según el especialista en salud pública Adolfo Chorny, un argentino que vive en Río desde hace 30 años, de productos de baja calidad, pero que hasta ahora estaban fuera de alcance para millones de personas. Chorny advierte que esta gente sigue teniendo un acceso insuficiente a los hospitales y a la educación.
El boom de consumo
En términos alfabéticos, los especialistas definen la incorporación de 20 millones de pobres en los últimos dos años al segmento medio del país como el pase "de las clases E y D a la C". Esta clase C, que representa el 40% de la población brasileña, exhibió progresos de consumo que impresionan a los apasionados del marketing: uno de cada tres tiene cuenta bancaria, uno de cada cuatro tiene tarjeta de crédito y uno de cada cinco tiene computadora. Además, compran celulares, muebles y hasta viajan por placer.
Economistas y empresarios se complacen porque en lugar de reforma agraria o de revolución, como en el pasado, las consignas de hoy son más y mejor capitalismo.
Lula, de origen humilde, goza de un amplio apoyo en esta franja de la pirámide social, a diferencia de lo que ocurre con los estratos más altos, que apenas lo toleran porque lo juzgan casi tan "populista" como otros mandatarios latinoamericanos pese a que, con gran pragmatismo, el ex líder sindical abdicó del histórico programa de izquierda radical del PT y que los sectores más ricos no dejaron de ganar dinero bajo su hasta ahora exitosa gestión.
Por Martín Kanenguiser
Enviado especial Fuente: LA NACIÓN, de Buenos Aires.