La gran incógnita: ¿está EE.UU. listo para un presidente negro?Por Hugo Alconada Mon
La carrera hacia la Casa Blanca: se abre un nuevo debate
La gran incógnita: ¿está EE.UU. listo para un presidente negro?
Como sucedió con Tom Bradley en los 80, temen que el racismo pese a la hora de votar
Domingo 8 de junio de 2008 |
WASHINGTON.- Tom Bradley venía bien. Alcalde de Los Angeles por nueve años, de buena gestión y con la, para muchos, edad "ideal" (65 años) se lanzó a la campaña por la gobernación de California. Corría 1982 y las encuestas predecían su victoria por muchos puntos. Tan amplia, que el día de la elección, "el" diario del estado -y uno de los más serios y respetados del país-, Los Angeles Times , anticipó que ganaría. Pero no fue así. Perdió, en una de las mayores sorpresas que recuerda este país, aunque no hubo fraude. ¿Qué pasó? Que Bradley era negro.
Su derrota tuvo la fuerza de un terremoto. ¿Cómo fue posible?, se preguntaban los demócratas, mientras que su rival republicano y blanco festejaba y los académicos comenzaron a investigar qué falló. La conclusión fue lo que llamaron el "efecto Bradley": como en cuestiones referidas al sexo, cuando las preguntas políticas son "sensibles" la gente no suele contestar con la verdad.
Así, ante los encuestadores, un porcentaje de los blancos dijo que votaría por Bradley para evitar sospechas de racismo. Pero en la soledad del cuarto oscuro votaron por quien realmente querían.
Hoy, más de un cuarto de siglo después de aquel batacazo, la irrupción de Barack Obama reabre el interrogante. ¿Puede reaparecer el "efecto Bradley" ante el primer candidato negro con serias chances de llegar a la Casa Blanca? ¿Está listo Estados Unidos para un presidente negro?
La incógnita no es menor. Analistas políticos, historiadores y ciudadanos comunes con los que conversó LA NACION durante las últimas semanas distan de estar seguros. Están los que creen que el país es hoy muy distinto de aquel en que se movió Bradley, quien era el segundo alcalde negro en la historia de los Estados Unidos y el primero en lanzarse como gobernador de California.
Otros se muestran pesimistas, como el profesor de la Universidad de California en Berkeley, Leon Litwack. Autor de un libro sobre la era posterior a la abolición de la esclavitud, tiene "fuertes dudas" sobre si el pueblo estadounidense puede realmente elegir a Obama. "Pienso que ésta aún es, en muchos aspectos, una sociedad racista", arroja.
Para Jay Campbell, vicepresidente de la consultora Peter Hart Investigaciones, la clave pasará por un segmento específico de la población. "En términos de relaciones raciales, el hecho de que el 13% de los votantes blancos diga que la raza es un factor en cómo votan es un número razonablemente pequeño. Pero políticamente es mucha gente", explica, antes de plantear su visión sobre lo que se viene: "Esta elección va a permitir determinar cuánto queda de una tensión racial seria en este país".
Aunque sin inmiscuirse de manera explícita en los muy sensitivos meollos raciales, los republicanos apuestan al escenario más complejo para Obama. Se esperanzan con que los problemas que mostró durante las primarias para captar los votos de los blancos de clase trabajadora y de los latinos aporten los votos decisivos para John McCain y los postulantes al Congreso. "En particular, en estados como Pensilvania, Florida y Nuevo México", estimó el vocero del Comité Republicano para la Cámara de Representantes, Ken Spain.
El impacto en Iowa
Pero otros académicos y analistas políticos creen que Obama lleva las de ganar. Primero, porque el hartazgo con George W. Bush empujaría a votar por él a muchos que de otro modo lo pensarían dos veces. Segundo, porque los tiempos han cambiado. No por nada, Obama ganó su primera interna en Iowa, un estado de amplísima mayoría blanca. Y son cada vez más habituales los alcaldes, gobernadores, legisladores o funcionarios negros de primera línea, como la secretaria de Estado, Condoleezza Rice.
Los demócratas se ilusionan con archivar el infame "efecto Bradley" con una dosis de su propia medicina. El senador por Illinois predice el estratega electoral del partido para el Capitolio, Chris van Hollen, protagonizará un "efecto Obama" que movilizará a una ola de nuevos votantes que le permitirán ganar la Casa Blanca y quedarse con algunas bancas del Congreso que hasta ahora son bastiones republicanos.
Pero eso está por verse. Algunos estudios de opinión pública exponen ciertas dudas de que el "efecto Bradley" haya quedado atrás. Hay quienes creen que en 1996, el gran héroe de la Guerra del Golfo, Colin Powell, consideró ese riesgo, cuando desistió de competir por la presidencia contra Bill Clinton.
Estos meses también arrojaron algunas señales de alerta. Las encuestas de las primarias demócratas reflejaron márgenes más amplios de error entre sus anticipos y los resultados que no se repitieron en las internas republicanas, cuyos candidatos eran todos blancos y varones. ¿Qué ocurrió? Para dos investigadores, Bethany Albertson y Anthony Greenwald, es el fantasma de Bradley que se resiste a marcharse.
La clave, según Greenwald, profesor de la Universidad de Yale, es si Obama, de padre negro y madre blanca, podrá posicionarse por encima de las tensiones raciales. "Es difícil plantear la idea de que Obama excita a la gente porque sea negro -argumentó-. La excitación que la gente siente por él es precisamente, porque aparece como alguien que trascenderá esas clasificaciones simples."
Obama, que ya afrontó el dilema racial en un elogiadísimo discurso, el 18 de marzo, tendrá otra oportunidad inigualable para tratar de tender puentes. Por las vueltas del destino, aceptará su nominación en la convención demócrata el día en que se cumplirán 45 años del discurso en que Martin Luther King dijo al mundo "Tengo un sueño".
Por Hugo Alconada Mon
Corresponsal en EE.UU.