Economía y Mercado-¿Mercosur o "Mercomanaos"?-Por ISAAC ALFIE
Economía y Mercado
¿Mercosur o "Mercomanaos"?
ISAAC ALFIE
Los acontecimientos a escala global ya golpean nuestra región. Desde Argentina las noticias que llegan no son buenas, pero lo peor no es lo conocido sino lo que está por venir ya que los próximos recursos que el gobierno pueda "echar mano" si quiere seguir en su loca carrera hacia el precipicio, no serán ahorros indisponibles mientras las personas estén activas. Por su parte, en Brasil se comienza a percibir el deterioro de su economía, reflejado en su comercio exterior, producción industrial y niveles de empleo, entre otros indicadores. De todos modos, todo indicaría que en este país, por un tiempo prudencial, los problemas no serán de la dimensión que conocimos en el pasado. Una afirmación absoluta no me animo a realizar porque dependerá de la extensión de los acontecimientos. Las monedas de ambos países se han devaluado, una, el peso argentino de manera pausada y "acomodada" por su Banco Central, la otra, el real, de manera brusca. En términos comparativos, el peso argentino ha tenido una devaluación menor lo que hace presumir que seguirá perdiendo valor en el futuro.
Ahora bien, nuestro principal problema con los dos principales socios del Mercosur no se limita a la paridad cambiaria, mucho menos a la nominal, ni tampoco a la caída de su nivel de actividad, sino que abarca toda otra serie de aspectos, uno de los cuales me parece oportuno analizar.
MEDIDAS RESTRICTIVAS. Como suele suceder en períodos de dificultades, salen a luz reacciones primitivas, usualmente equivocadas y "espíritus nacionalistas". Pasa en Estados Unidos con el controvertido "compre americano", se agrava si aparecen barreras al comercio, ya no solo en este país, sino en el resto de los mercados más importantes del orbe. El proteccionismo es casi un acto reflejo ante la adversidad, pero no sólo no es solución sino que funciona como inhibidor del remedio. Aún así, las medidas de restricciones al comercio entre los países desarrollados son siempre hacia afuera de sus acuerdos firmados. Es decir que afectan a quienes no tienen dichos acuerdos, evitando violarlos. La Unión Europea podrá ser, de hecho lo es, muy reticente a la liberalización de determinado comercio, pero dentro de ella y con quien tiene acuerdos, las cosas no varían y el comercio, menguado por las circunstancias, sigue siendo libre, sin restricciones. Lo mismo pasa con Estados Unidos y aquellos países con que tiene acuerdos firmados. Es ésta la gran diferencia con lo que sucede en esta comarca, donde supuestamente tenemos acuerdos comerciales de apertura y libertad, pero donde los mismos operan, aún en épocas normales con dificultades, perforaciones, restricciones y no respetando los laudos arbitrales de controversias, que hacen dudar al más optimista de su pertinencia. Si cuando todo marcha bien sucede lo que sabemos, no es difícil advertir la reacción ante el menor problema. Allí aparecen todo tipo de "soluciones" en base a instrumentos para-arancelarios que impiden el comercio y cuyo daño no se delimita meramente por los efectos directos de las medidas, que existen y en todo caso son los menores de todos. Muy superiores, casi imposibles de cuantificar son los daños colaterales, reales y eventuales, derivados de cosas tan simples como que cualquier inversor termina sabiendo que si su objetivo es vender al "mercado grande", mejor se instala directamente allí aunque el pequeño tenga ventajas, porque de otro modo el riesgo de que su inversión termine en la ruina por una medida arbitraria tomada por la fuerza que el poder de la economía mayor le concede es demasiado alto. No hay incentivos fiscales, tipo de cambio real, seguridad jurídica ni ventaja logística que valga.
Este tipo de medidas, tomadas ante -y en contra de- quienes firmaron un acuerdo de sociedad no solo son improcedentes y no ajustadas a los contratos sino que terminan por desacreditar los propios acuerdos, transformándolos en los hechos en letra muerta. Lamentablemente es lo que sucede en este languideciente Mercosur, que a esta altura parece un holograma más que algo tangible.
A su vez, actitudes como las descritas son las que causan el mayor daño a los países pequeños, a los que luego se quiere compensar con limosnas vestidas de medidas compensatorias, miserables fondos estructurales para que las empresas de los países mayores hagan su negocio, acuerdos de intercambio compensado y yuyos similares.
PERFORACIONES. Del total de posiciones arancelarias, poco menos de 10.000, existen excepciones (perforaciones) directas en no menos 3.500, a las que debe adicionarse toda la excepción del régimen automotriz (30% del comercio del bloque) y diversos regímenes especiales. Como resultado obvio, en el comercio real, estas excepciones tienen un peso mucho mayor al que surgiría de una distribución uniforme de ítems. Tenemos de todo, como los propios países grandes presentan las suyas, los chicos "con más razón" hacen lo propio. Entonces cada país tiene excepciones diferentes, con cronograma de caída diverso, en una lógica, ilógica, donde Argentina y Brasil no hacen lo que deben y a cambio "conceden" espacios que "agujerean" la masa. Con el paso del tiempo, se suman sin organicidad excepciones y el tamaño del orificio crece y al final pasan elefantes. Aún así y pese a todo, el principal problema de las excepciones lo constituye Manaos, zona que importa libre de impuestos y exporta a territorio brasileño sin arancel en más del 90% del universo arancelario. Los dos cuadros adjuntos hablan solos y de manera más que elocuente al respecto. Los mismos nos indican que el 96% del total de exportaciones desde Manaos va hacia el mercado doméstico brasileño, cuando representaba el 11,3% cinco años atrás. A su vez, las importaciones de Brasil desde Manaos duplican a las provenientes de todo el Mercosur. En los hechos, las importaciones que este país hace desde Manaos subieron 208% en cinco años, cuando las provenientes desde el resto del bloque lo hicieron 150% y las totales 240% en el mismo lapso.
Está más que claro que el mayor "perforador" del bloque es Brasil que tiene una zona privilegiada donde no se pagan impuestos, y desde la cual no opera ninguna restricción ni cualitativa ni cuantitativa, que hace uso y abuso en detrimento del resto de sus "socios". En realidad, a efectos prácticos Brasil practica una especie de apertura unilateral al mundo a través de esta zona privilegiada, al tiempo que, concesión del gobierno mediante con rezongo del canciller brasileño incluido, nos dice "diplomáticamente" que no podemos hacer acuerdos de libre comercio independientes con nadie.
Esta situación, que era preocupante a comienzos de la década y fue producto de numerosas controversias, pedido de "waivers", etc., hoy se ha acentuado a tal punto que es realmente insostenible. Entre otras cosas, la posición de Uruguay de promover la eliminación del doble cobro del arancel externo para los productos extra región, algo lógico bajo cualquier zona de libre comercio que se precie de tal, viene en parte a contrarrestar el fenómeno que expongo. En las negociaciones de fines de 2003, Uruguay negoció básicamente excepciones al arancel externo para la importación de materias primas, bienes de capital, informática y telecomunicaciones, así como insumos agropecuarios y la casi eliminación de aranceles para insumos intermedios, observando cómo se comporta la realidad y no la teoría. Todo cae en el 2010, por lo que habrá que prepararse. En aquella ocasión Brasil se comprometió a eliminar dicho doble cobro a más tardar a comienzos del 2006 y aún hoy estamos esperando, sin hacer nada.
Fuera de la Aladi, (sin considerar México) el Mercosur solamente tiene acuerdo de libre comercio con Israel. El resto son acuerdos de preferencias fijas con países que, en general, no tienen incidencia en el comercio internacional, por lo que estamos atados y con el ancla puesta.
CONCLUSIONES. Con una parte sustancial del Arancel Externo Común perforado, su vigencia es casi teórica. Las excepciones cuantificables, los diversos regímenes especiales, las listas bilaterales de acuerdos y Manaos nos condujeron a ello. Por tanto lo razonable sería proponer la suspensión de su vigencia para todos los países.
En materia de negociación externa la idea de regionalismo abierto quedó abandonada ya que las negociaciones son con países de escasa significación y la modalidad es la de preferencia fija, por cierto no la mejor.
La eliminación de doble cobro no fue aprobada y probablemente no lo sea en el corto plazo ya que, si no se logró durante la época "mejor imposible", menos lo será en los tiempos por venir. En los hechos deberíamos esperar que a medida que la situación económica empeore la sucesión de medidas no arancelarias será la norma en el Mercosur.
Así las cosas, los espacios son demasiado estrechos. Si Brasil ha decidido que quiere el bloque por motivos políticos, nosotros tenemos que saber cómo debe ser remunerada nuestra pertenencia, al fin y al cabo, la más respetada del bloque en el concierto internacional.
Fuente: EL PAÍS, de Montevideo.

