Liberalismo militante

Economía y Mercado-El nuevo sistema bancario mundial-Por CARLOS STENERI

Economía y Mercado

 

El nuevo sistema bancario mundial

 

CARLOS STENERI | DESDE WASHINGTON DC

La peor crisis financiera desde la segunda guerra mundial actuó como partera de cambios históricos, desplazando el centro de gravedad del sistema bancario mundial.

Poco más de una década atrás, Estados Unidos reinaba, domiciliando tres de los cinco bancos más grandes del mundo. Citigroup y Bank of America lideraban como supermercados financieros en expansión constante, absorbiendo otras instituciones y agregando líneas de negocios. Eran los paladines de un sistema financiero de dimensiones globales, cuyos límites solo estaban dados por la imaginación y la ambición de sus ejecutivos. Hoy, ambos ya no están en la lista de los cinco primeros, medidos por su capitalización. En realidad, el Citigroup pasó al lugar cincuenta y tres, en tanto que el Bank of America ocupa la undécima posición. Ambos, dado el nivel de asistencia recibida desde el gobierno de Estados Unidos, son híbridos de propiedad pública-privada.

En tanto hoy tres bancos chinos lideran la escala como las entidades bancarias más grandes del mundo por sus activos. Solo JPMorganChase de Estados Unidos integra la escala de los primeros cinco, acompañado del HSBC representando al Reino Unido. Y lo más notable es que si agrandamos la escala a veinte aparecen bancos del mundo en desarrollo: Itaú (Brasil) y dos entidades con matrices en Australia (Westpack Bank y Commonwealth Bank).

Más allá de los tropiezos que cambiaron esta escala de manera dramática en un lapso muy breve, sepultando bancos de larga trayectoria, desde horizontes que parecían lejanos vinieron nuevos actores que hoy ocupan el frontispicio del escenario bancario mundial.

Sin duda, estamos en presencia de otra manifestación del cambio de correlación de fuerzas económicas que ha operado en las últimas décadas. Apenas tres lustros atrás, un colapso de entidades bancarias en el mundo desarrollado hubiera implicado el resurgimiento de otras entidades domiciliadas en ese mismo corazón financiero. Hoy es diferente. En la puja por el liderazgo, aunque solo sea medido por su tamaño, actores noveles ahora tienen su decir en la intermediación financiera. El tema es saber si tienen vocación de operar a escala internacional, o limitarán su gestión al ámbito doméstico. De todos modos, si así fuera aparecerán otros llenando los vacíos. Y esta vez vendrán llegando desde comarcas diversas y distantes, en un proceso que no tendrá contramarchas.

Sólo como forma de reflexión, para proyectar un escenario futuro basta pensar que algunas de esas nuevas entidades afincan sus actividades en países donde la economía crece a ritmos elevados, con niveles de apertura comercial creciente, y disponibilidades de ahorro que superan el 40% del ingreso. Esos gigantes todavía no han despertado cabalmente, atenazados por excesivas regulaciones y sobre todo porque como instituciones nuevas están todavía en el proceso de aprendizaje. De todas maneras, la historia muestra que la innovación financiera se transmite rápidamente, cambia rápidamente de localización según las circunstancias, pues en definitiva no es patrimonio de nadie, sino de quien sea más innovador y ofrezca las mejores condiciones. Así fue desde sus comienzos siglos atrás y continuará, ahora con más velocidad, en los tiempos futuros. El comercio internacional será uno de sus motores y el despertar del mundo en desarrollo su referencia. A pesar de los sucesos actuales, ya está instalado en el imaginario de esos países que hay una forma de funcionamiento del mundo enancada en el comercio, en la que es posible crecer más y así disminuir genuinamente la pobreza. Y para eso, la vigencia de un sistema financiero lozano es vital. Ese será uno de los respaldos sobre el que se apuntalará el nuevo sistema bancario internacional.

Como todos los partos, éste tampoco será sin dolor ni riesgos. En este pasaje, quedaron mitos por el camino, florecen tentaciones y aparecen oportunidades.

De los mitos fenecidos, queda demostrado que la industria financiera más que nadie es vulnerable a la toma de riesgos excesivos, permitidos por regulaciones laxas o por la creencia de que los banqueros en general tienen una propensión a autorregularse en la operativa. Olvidan que por más compleja y sofisticada que sea su actividad, siempre ésta descansa sobre una premisa básica: el riesgo incurrido está apalancado sobre una base de capital propio raquítico, que en el mejor de los casos la práctica indica es de uno de capital a diez de riesgo asumido por préstamos u otro tipo de operaciones. Parecido es en el mundo de los seguros u otros de índole equivalente. Son niveles de riesgo calculado y manejable según muestra la experiencia. Pero sobre ello reside la inestabilidad propia del negocio que, aunque paradójico, es esencial para financiar la expansión de cualquier economía. Pero los errores en los riesgos asumidos crean crisis que arrastran a todo el sistema, en esta caso con proyección global.

Nadie lo resume mejor que el Secretario del Tesoro Timothy Geithner "Una crisis como la actual no tiene una causa única ni simple, pero como nación tomamos mucho prestado y dejamos que nuestro sistema financiero tomara niveles de riesgos irresponsables. Estas decisiones han causado sufrimientos enormes y la mayor parte del daño ha caído sobre el americano común… esto es injusto y los ciudadanos justificadamente están enojados y frustrados".

El imaginario social victimizado por la situación, enciende de maneras diversas la clásica oposición entre lo productivo y lo financiero, sin entender cabalmente que ambos son dos caras inseparables del crecimiento económico. Y en esa dicotomía, tratando de restañar heridas, entran necesariamente los gobiernos en lo que es uno de los desafíos de cualquier gestor de política económica. Dominar una crisis financiera de índole sistémica buscando revitalizar al sistema y al mismo tiempo reducir los costos sociales es un desafío que muchas veces termina inmolando a quienes les toca en suerte estar al frente de la toma de decisiones. Sólo pensemos en el microcosmos de lo que fue y lo que pasó en nuestro país en 2002, para pensar en la magnitud y las presiones de quienes actúan hoy. Aquí los yerros o los aciertos tienen consecuencias a nivel global.

También en menor medida aunque se hacen oír, se suben quienes pregonan un cambio de sistema sin saber, ni decir adónde. Confunden la intervención temporal del Estado en el negocio con un cambio permanente en las reglas de funcionamiento. Sólo se trata de sanar heridas, facilitar la salida y evitar el esparcimiento de riesgos sistémicos. Esa es una de las funciones del Estado actuando como proveedor final de un bien público que, en este caso, es restaurar la capacidad operativa de un sector vital de la economía.

Y también se olvidan de la historia reciente. Justamente, irrumpen ante las nuevas circunstancias, potencias bancarias que provienen de sistemas económicos en tránsito apresurado hacia el capitalismo. O en otros casos, de países en desarrollo que buscan de manera intensa profundizar la operatoria de la economía de mercado. Reconocemos que podrá ser distinto o con matices propios, pero todos ejecutando sus partituras bajo la clave de la economía de mercado.

LAS OPORTUNIDADES. Como en todo bosque, la caída de los grandes árboles es parte de su proceso regenerativo. Así ocurrirá en el sector financiero con el colapso de las grandes instituciones. Ya vienen creciendo otros, y en este caso domiciliados en la hasta hoy periferia económica del mundo.

Por estas y otras razones, el mundo en desarrollo se ha ganado su asiento en las decisiones que atienden la marcha del sistema financiero global.

En esto nos referimos a varios temas. Primero, su representación en los organismos multilaterales, particularmente el FMI, tiene que ser acorde con su participación en el PIB mundial y el tamaño de su sector financiero. Su mayor crecimiento relativo a escala nacional y mundial, implica mayores riesgos potenciales que deben acompasarse con mejores regulaciones y mayor capacidad multilateral de enfrentar crisis financieras sistémicas de carácter global. Las economías emergentes con escaso ahorro doméstico, son dañadas considerablemente cuando el crédito externo se contrae súbitamente. Esta categoría viene siendo una constante cada vez más frecuente, fruto de la globalidad e inestabilidad inherente que presenta el sistema.

Segundo, una fuente de estabilidad global es que el proteccionismo no se aplique al sector financiero por dos razones. La realidad muestra que el proteccionismo financiero viene creciendo más rápidamente que el comercial al amparo de normas de rescate bancario que discriminan a favor de la expansión del crédito doméstico en desmedro del internacional. Eso ocurre tanto en Europa como en Estados Unidos. Puede ser una postura temporal, pero que de todas maneras requiere atención.

Por otro lado, es necesario ir preparando el terreno para que la banca naciente con vocación internacional sita en el mundo en desarrollo pueda desarrollar giros comerciales en los países del centro. Hasta el momento ha sido una posibilidad remota, factible hoy por el bajo valor de mercado de buenas franquicias. Uno de sus resultados puede ser la adquisición de una buena franquicia por parte de un banco perteneciente a un país emergente. Esperamos que cierta especie de nacionalismo que también ha despertado esta crisis esté ausente en estas circunstancias.

Fuente: EL PAÍS, de Montevideo.

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