Liberalismo militante

Economía y Mercado-El ajuste de la economía brasileña-PAULO LEVY

Economía y Mercado

 

El ajuste de la economía brasileña

 

PAULO LEVY | DESDE RIO DE JANEIRO

La fuerte caída del PIB brasileño en el último trimestre del año pasado demostró lo infundado del posible desacople del país respecto de la crisis internacional. La reducción del 3,6% en relación al trimestre anterior representó una reversión abrupta de la trayectoria de crecimiento que, durante casi tres años, desde finales de 2005, había llevado a la economía a crecer a un promedio anualizado del 5,6% anual, ritmo que se aceleró a fines de 2007 a casi el 7% anual.

Parte de este crecimiento fue consecuencia de la consolidación de un sólido andamiaje de política macroeconómica con mantenimiento de la inflación dentro del intervalo de metas, una política fiscal basada en un superávit primario elevado y una relación deuda pública/PIB en caída, y cuentas externas bajo control en el contexto de un régimen de cambio fluctuante. A pesar de ello, la magnitud del impacto de la crisis financiera internacional sobre el desempeño económico reciente no deja lugar a dudas de que el ritmo de crecimiento acelerado se debió, en gran parte, también, al contexto externo favorable. La ampliación de los mercados de exportación, el mejoramiento significativo de los términos de intercambio y la abundancia de liquidez internacional permitieron que la demanda interna creciese a un ritmo muy superior al de la producción, alcanzando tasas superiores al 9% anual. En el caso de la política fiscal, por ejemplo, los ingresos tributarios crecientes permitieron mantener superávit primarios elevados, al mismo tiempo que hubo una fuerte expansión de los gastos corrientes y, más recientemente, de la inversión pública.

La caída acentuada del PIB a fines del año pasado debe encararse como un momento de transición a una coyuntura externa más desfavorable. Como consecuencia del ritmo acelerado en que se encontraba la economía, la velocidad de reversión del escenario externo llevó a un profundo ajuste de los inventarios, proceso que quizás tienda a agotarse en el presente trimestre. En términos nominales, la variación de los inventarios equivalió al -2,7% del PIB del trimestre (-1,5% del PIB en el último trimestre de 2007), el mayor valor desde el último trimestre de 2002. Además de la reducción de los inventarios, contribuyeron asimismo en la caída del PIB la reducción de la inversión fija, y del consumo de las familias. Las restricciones del crédito, el aumento de la incertidumbre y el colapso de las exportaciones explican ese comportamiento.

El ajuste a las condiciones externas más adversas debe proseguir en el primer trimestre de 2009. En enero, la producción industrial, a pesar de la recuperación con relación a diciembre, todavía se encontraba en un 9% por debajo del promedio del último trimestre de 2008. Aun si la industria haya vuelto a crecer un 2% mensual en febrero y marzo -al mismo ritmo de enero- la producción industrial del primer trimestre de 2009 caería en un 7,4% con relación a fines de 2008. La información de la producción industrial de enero muestra que el ajuste está diseminado en la cadena productiva, en especial para los bienes intermedios, cuya producción tuvo una fuerte caída en relación con el mismo mes de 2008.

La política fiscal contribuyó en 2008 a que la demanda interna creciera a tasas elevadas. En el año, el consumo del gobierno aumentó un 5,6% más que el consumo de las familias. En el último trimestre, este fue el único componente de la demanda que registró un crecimiento respecto al trimestre anterior. No es razonable esperar un comportamiento semejante para 2009, cuando la recaudación se estará reduciendo debido a la desaceleración de la economía, incluso si hubiera espacio para la reducción del déficit primario. De la misma forma, la inversión, que en 2008 aumentó en un 13,8%, difícilmente mantenga ese ritmo este año, a pesar del aumento de la inversión pública dentro del contexto del Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), el conjunto de inversiones del gobierno federal y de las empresas estatales que constituye la principal acción del gobierno para obras de infraestructura. La perspectiva de aumento del desempleo y la flexibilización apenas gradual de las restricciones al crédito tampoco dejan margen para mucho optimismo en lo que se refiere al consumo privado, de donde se deduce que la trayectoria para 2009, incluso con alguna recuperación de la actividad económica a partir del segundo trimestre, será de un crecimiento bastante modesto, posiblemente negativo.

A pesar de la fuerte caída en el último trimestre, la formación bruta de capital fijo alcanzó el 19% del PIB, el mayor valor desde 1996. Aunque insuficiente para sustentar un crecimiento de la demanda interna al ritmo prevaleciente hasta el tercer trimestre de 2008, la expansión de la inversión a una tasa media anual del 13% desde 2006 permitió acelerar el ritmo de la economía y aumentar el nivel de producto potencial. La escasa incidencia de la demanda determinó que la política monetaria aumentara su importancia como factor dinamizador de la economía a través de la reducción de las intereses y volver a estimular el consumo y las inversiones, en la medida en que no se superponga a una expansión excesiva de los gastos públicos.

El Banco Central, en su última reunión de marzo, aceleró el ritmo de caída de los intereses con una reducción de 1,5%, llevando la tasa básica (Selic) al mismo nivel en que se encontraba en abril de 2008 (11,25% anual), cuando comenzó el proceso de expansión monetaria que se extendería hasta setiembre. Ya se espera una tasa inferior al 10% anual antes de junio, y la tasa real -calculada como la diferencia entre intereses e inflación que se esperan para los próximos 12 meses- se encuentra en el menor nivel histórico, en el 5,5% anual. No obstante, hay límites para la reducción de los intereses: ante una desvalorización cambiaria próxima al 50%, el potencial de aceleración de la inflación mediante transferencias a los precios de los productos comerciables es elevado, aun cuando por el momento las expectativas se encuentren próximas o incluso debajo de la meta del 4,5%. Una vez más, el espacio inédito para la reducción de los intereses en forma sustentada será mayor cuanto más sólida sea la política fiscal, tanto en lo que se refiere al mantenimiento de superávit primarios relativamente elevados (aunque quizás menores ante la reducción de la tasa de interés), como en lo que se refiere a la composición del gasto público con la preservación de las inversiones en detrimento de los gastos corrientes.

Fuente: EL PAÍS, de Montevideo.

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