No soy optimista respecto a la posibilidad de que se introduzca un conjunto de reformas de importancia para recuperar el dinamismo de la economía chilena, sobre todo en lo que se refiere a las reformas laboral y educacional tan necesarias, sostuvo el economista Francisco Rosende, decano de la Facultad de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile. En diálogo con ECONOMIA & MERCADO, el entrevistado analizó las perspectivas de crecimiento de la economía de su país, las medidas más urgentes para un crecimiento económico sostenido, la situación fiscal, la performance de las exportaciones y las reformas propuestas al sistema previsional, entre otras. A continuación se publica un resumen de la entrevista.
-¿Cómo evalúa la actual situación económica de Chile y sus perspectivas de crecimiento?
-Durante el presente año la economía chilena está exhibiendo un dinamismo importante, habiéndose registrado un crecimiento de 5,9% del PIB en el primer semestre respecto a igual período de 2006. De acuerdo con este resultado, es probable que la actividad de 2007 termine con una expansión cercana al 6%, lo que representa una mejoría sustancial respecto al 4% alcanzado el año pasado.
A pesar de la cifra importante de producto que se proyecta para el presente año, tengo aprehensiones respecto al potencial de crecimiento de mediano plazo de Chile. Al evaluar el comportamiento de los últimos cuatro años así como el de 2007, se observa que la economía chilena ha obtenido una ganancia importante de términos de intercambio, lo que se manifiesta en un crecimiento cercano a 80% de esta variable entre 2003 y 2006. En el primer semestre de este año, esta variable creció alrededor de 14% respecto al mismo período del año anterior. Este positivo cuadro externo ha permitido sostener un manejo monetario y fiscal marcadamente expansivo, por lo cual hay que entender las cifras de crecimiento mencionadas en el contexto de un ciclo favorable. Sin embargo, la ausencia de reformas que impulsen el empleo, la productividad y la inversión hacen difícil pensar en que puedan sostenerse tasas superiores a 5% en el mediano plazo. Mi percepción es que el nivel de crecimiento potencial está actualmente en torno a 4,5%.
-¿En qué áreas habría que trabajar para mejorar la capacidad de crecimiento a futuro?
-El gran problema actual de la economía chilena está en la baja productividad que exhibe una fracción sustantiva de nuestra fuerza laboral, lo que se vincula esencialmente con la baja calidad de nuestro sistema educacional. Por otro lado, la existencia de regulaciones que dificultan el empleo de los trabajadores de menor productividad -es decir, quienes pertenecen a los grupos más pobres de la sociedad- impiden que adquieran algún tipo de destreza en el trabajo, la que les permitiría ganar en productividad, calificación y, por lo tanto, en ingreso. En síntesis, estamos hablando de un problema de escasez de capital humano.
-Entonces, ¿qué medidas habría que adoptar con urgencia?
-En primer lugar, existe bastante coincidencia, al menos a nivel técnico, en que se debería introducir un mayor grado de flexibilidad en los contratos de trabajo, lo que facilitaría el acceso de las mujeres y los jóvenes de menores ingresos al mercado laboral. Desafortunadamente, no ha habido voluntad política en los sucesivos gobiernos de la Concertación para enfrentar a las cúpulas sindicales que se oponen a estas reformas.
En segundo término, habría que mejorar la calidad del sistema educacional. Me refiero especialmente a la educación "particular subvencionada" y la que entregan los municipios. A estos grupos de establecimientos educacionales acude alrededor del 90% de los niños chilenos. En especial los de menores recursos. El 10% restante asiste a la educación "particular paga", cuya calidad es sustancialmente superior, aunque todavía muestra una brecha no despreciable con respecto a algunos países asiáticos que lideran en materia de resultados en las pruebas internacionales.
EDUCACIÓN
-¿Cómo se podría lograr un mejoramiento importante en la calidad de la educación "subvencionada"?
-Se requiere introducir criterios de mercado y productividad en ese sector. De partida sería necesario eliminar el Estatuto Docente, marco regulatorio establecido a mediados de la década del noventa, que desvincula la remuneración de los profesores y del cuerpo directivo de los colegios respecto al desempeño que muestren los estudiantes. Aunque esta medida fue aplaudida por los grupos de izquierda en su momento y, por cierto, por los profesores, constituye una de las decisiones más dañinas para los grupos más pobres de la sociedad. Se debería reemplazar ese mecanismo por algo más equilibrado, además de coherente, con lo que ocurre en el resto de la economía.
-¿Podría atribuirse ese déficit de calidad a una escasa inversión en el sistema educacional?
-El gasto público en educación se ha más que triplicado desde 1990. En ausencia de progresos importantes en este plano, se hace razonable realizar una evaluación profunda de la eficacia del aparato público que opera en este ámbito. Actualmente, están funcionando dos comisiones designadas por la presidenta Bachelet para estudiar el sistema educacional, lo que refleja la preocupación del gobierno por la situación de este sector. Sin embargo, el mayor problema no es una falta de diagnóstico respecto a cómo abordar los problemas del sistema, cuyo nivel técnico está razonablemente acotado, sino falta de voluntad política para llevar a cabo las reformas necesarias y abordar los costos que esas medidas pudieran ocasionar en el corto plazo.
-¿Es posible pensar en la aprobación de reformas estructurales en Chile que permitan al país industrializarse?
-En los últimos años, algunos técnicos han señalado que en la actual etapa de crecimiento de la economía chilena debería buscarse el desarrollo industrial de ciertos sectores con una alta dinámica de productividad. A mi juicio, esa es una estrategia funesta, que me recuerda cuando se pensaba en la industrialización como una fórmula de desarrollo en la década del sesenta.
La estrategia adecuada consiste en eliminar aquellas distorsiones que obstruyen el funcionamiento de la economía y dejar que el propio mercado busque en qué áreas desarrollarse. Este camino ha funcionado bien en Chile, mientras que las experiencias de políticas públicas impulsando la industrialización o el desarrollo de ciertos sectores -supuestamente de gran impacto agregado- han sido muy desafortunadas, como lo muestra la historia latinoamericana. En todo caso, no soy optimista respecto a la posibilidad de que se introduzca un conjunto de reformas de importancia para recuperar el dinamismo de la economía, sobre todo en lo que se refiere a las reformas laboral y educacional tan necesarias.
-¿Puede Chile aspirar a convertirse en un país desarrollado, mientras su economía continúe dependiendo de la producción primaria?
-En realidad, se me plantea la misma interrogante desde otro punto de vista. No sé cómo Chile podría llegar a ser una economía desarrollada con la actual calidad de su sistema educacional, la que limita tanto lo que el país puede producir, así como dónde se pueden desarrollar sus ventajas comparativas. Cuando se evalúa el desempeño de los estudiantes chilenos en las pruebas internacionales, los resultados son decididamente malos. Esta es una restricción al crecimiento que exige de gran coraje político para adoptar las correcciones requeridas.
Diría que Chile ha cumplido muy bien con sus tareas macroeconómicas, pero queda mucho por hacer en materia de políticas microeconómicas, especialmente en lo que tiene que ver con la institucionalidad laboral y el sistema educativo.
Política fiscal
-En mayo de este año el gobierno modificó el esquema de la "regla fiscal". ¿Ha sido una mala señal reducir el superávit fiscal de 1% a 0,5% del PIB?
-Tanto el gobierno de Lagos como el de Bachelet han sido muy responsables en la administración de las finanzas públicas. No es sencillo sostener un importante ahorro de recursos fiscales en un país donde la presión por mayor gasto fiscal es habitualmente elevada. Como el año pasado la economía chilena creció un modesto 4% a pesar de la verificación de una ganancia de términos de intercambio de 32%, eso generó una presión importante de los partidos de la coalición de gobierno sobre el ministro de Hacienda, lo que hace especialmente meritorio que haya mantenido la administración de las finanzas públicas en el contexto de una regla predeterminada.
No obstante, es difícil sostener una regla que apunta a un superávit fiscal, en circunstancias que la deuda neta del Estado es prácticamente nula. Por lo tanto, en algún momento era necesario revisarla, desde un esquema de superávit de 1% del PIB hasta una situación de equilibrio. En este sentido, no me parece inadecuada la revisión de la regla fiscal introducida en mayo, pero hubiese preferido que se considerara alguna rebaja de impuestos, existiendo algunos buenos candidatos para mejorar la eficiencia global. Por otra parte, existe algún grado de temor respecto a las efectos que este mayor gasto fiscal -que antes de dicho ajuste se estimaba crecería cerca de 9% real este año- podría generar sobre las tasas de interés y el tipo de cambio.
Por último, este contexto de fuerte crecimiento del gasto público lleva a preguntarse si existe la capacidad de gastar eficazmente dichos recursos, considerando la necesidad de realizar una cuidadosa evaluación de los proyectos públicos. Al menos yo tengo dudas al respecto.
-¿Puede preverse una mayor laxitud fiscal en el corto plazo?
-Estimo que se va a mantener la regla de superávit fiscal, ahora del 0,5% del producto. Sin embargo, es necesario advertir que en el actual escenario de términos de intercambio, la tasa es coherente con un importante aumento del gasto, lo que puede presionar el tipo de cambio real a la baja y la inflación al alza.
-¿Cuáles son los parámetros para determinar ese superávit estructural?
-La idea básica es que en una economía pequeña y muy dependiente de ciertos ingresos, como es el cobre, la tentación histórica de los gobiernos ha sido a gastar mucho durante los períodos de "vacas gordas", que los podemos identificar con un precio alto de dicho metal. Como resultado de esa política, se tenían que imponer ajustes durísimos sobre el gasto agregado cada vez que descendía la cotización internacional del cobre. Para evitar ese círculo vicioso, se diseñó una regla donde el gasto se determina por una estimación que sería el "ingreso de largo plazo" del gobierno, de acuerdo con la información disponible al momento de construirse el presupuesto.
Ese ejercicio exige establecer proyecciones respecto al precio del cobre y del crecimiento potencial de la economía chilena. Para ello, el gobierno forma dos comisiones de técnicos -una para el precio del cobre y otra para el producto potencial- cuyas proyecciones "alimentan" la construcción del presupuesto público para el año siguiente.
Llamado de la Iglesia por un "salario ético"
-El presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Alejandro Goic, propuso recientemente conceder un "salario ético" de US$ 500 mensuales, que duplica el actual salario mínimo de US$ 260, a los trabajadores de las empresas exportadoras que han tenido grandes ganancias en los últimos años debido a los altos precios de los commodities en el mercado internacional. ¿Qué opina al respecto?
-Ese planteamiento constituye una interpelación a la conciencia de quienes tienen algún grado de influencia sobre la capacidad de generar empleo en la sociedad para que revisen al alza, en la medida que sea posible, las remuneraciones de los trabajadores de menor salario. No lo interpreté como una propuesta concreta de revisión del salario mínimo, lo cual se ha aclarado en las intervenciones posteriores de diferentes autoridades de la Iglesia Católica.
En esta perspectiva, me parece un llamado muy razonable. Sin embargo, es claro, incluso para la misma Iglesia, que una fracción sustancial del empleo -en torno al 70%- es generado por pequeñas y medianas empresas que en muchos casos ocupan trabajadores de muy baja calificación y, por lo tanto, baja productividad. La mayoría de estas empresas tiene poco margen para elevar las remuneraciones de sus trabajadores por encima de la situación actual sin afectar los niveles de empleo total.
-¿En qué grado podría contribuir esa medida a reducir las fuertes desigualdades en los ingresos de la población, que es justamente uno de los déficit más visibles de la economía chilena?
-Insistir en el alza del salario mínimo como herramienta para resolver los problemas de ingreso de los grupos más pobres sólo generará más desempleados y, por consiguiente, más pobres. El origen -y la solución- de los problemas de pobreza y desigualdad, debemos buscarlo en la baja calidad de nuestro sistema educacional y en ciertas regulaciones laborales que dificultan la obtención de empleo de los trabajadores menos calificados.
ficha técnica
Francisco Rosende, chileno, 51 años, se graduó de ingeniero comercial en la Universidad de Chile y obtuvo una maestría en economía en la Universidad de Chicago. Es decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de Pontificia Universidad Católica (PUC) de Chile y profesor de Macroeconomía en el Programa de Postgrado del Instituto de Economía de la PUC. Es columnista del diario El Mercurio desde 1997. Fue gerente de Estudios del Banco Central de Chile y miembro de la Comisión Antimonopolio.
Las AFP y las aseguradoras han contribuido al desarrollo del mercado financiero
-¿Cuáles han sido los efectos sobre los trabajadores del régimen de capitalización del ahorro individual, en Chile ?
-El cambio al sistema basado en la capitalización individual ha permitido un mayor grado de transparencia para los trabajadores respecto a la magnitud y evolución de sus ahorros previsionales, algo que anteriormente no ocurría. Además, los recursos que el sistema previsional capta y canaliza hacia el mercado de capitales han permitido que el sector financiero alcance un alto grado de desarrollo. En particular, es importante destacar la contribución de las administradoras de fondos de pensiones (AFP) y las compañías de seguros al desarrollo de un mercado de fondos de largo plazo.
-¿En qué etapa están los ajustes propuestos por el Consejo Asesor de Reforma Previsional que designó la presidenta Bachelet para el perfeccionamiento del sistema?
-Hoy se encuentran a estudio del Congreso. En el diagnóstico de la Comisión, hay varios aspectos a considerar. Uno de ellos plantea una cierta inquietud respecto al grado de competencia que existe en la industria de las AFP, sobre la base de la percepción de que serían muy altas las comisiones que cobran a sus afiliados.
Un segundo aspecto se refiere a una preocupación -que el propio gobierno hizo suya en el diagnóstico inicial- de que una fracción importante de trabajadores no se iba a jubilar con una pensión digna por diversas razones, dentro de las cuales se destaca la carencia de un período prolongado de cotizaciones, ya sea por causas de desempleo u otras.
-¿Están bien fundadas las críticas al sistema previsional chileno?
-Ninguno de los dos supuestos -que son discutibles en sí mismos- representan un cuestionamiento a la eficacia del sistema de capitalización. Primero, si es posible promover un mayor grado de competencia entre las AFP, sin que se comprometa su estabilidad, bienvenido sea ese cambio. Sin embargo, no es trivial la discusión respecto a las consecuencias de la incorporación de los bancos a esta actividad.
Segundo, la existencia de un grupo importante de personas cuyos ahorros previsionales no les permite acceder a una jubilación razonable, no plantea una falla del sistema puesto que dicha situación no hace mas que describir problemas vinculados al mercado laboral, que llevan a períodos prolongados de desempleo o regulaciones que promueven la informalidad. En esta perspectiva, elevar la pensión mínima a los grupos de menores ingresos forma parte de una razonable política asistencial, lo que no constituye en sí un cuestionamiento del sistema. En todo caso, me preocupa que dentro del proyecto en discusión exista una pensión mínima garantizada a todo evento, o sea independiente de la cotización que hubiese realizado el trabajador. Evidentemente, se plantea un incentivo incorrecto para el trabajador en la medida que se desalienta su ahorro previsional. Eso es lo que los economistas llamamos un problema de moral hazard.
-¿Existe algún partido político que proponga eliminar el actual sistema de ahorro individual y retornar al régimen de reparto puro?
-No. Lo que se ha planteado en Chile es la posibilidad de crear una AFP estatal sobre la base de que facilitaría la competencia en el sector al generar servicios más baratos, etc. Me quedan dudas si realmente es caro el sistema previsional chileno y, en caso de serlo, si esa sería la mejor herramienta para enfrentarlo teniendo en cuenta la institucionalidad económica del país.