Los intelectuales del mundo y LA NACION
“Sólo los pueblos pueden ponerle freno a la intolerancia”
Lo dice Ronald Lauder, del Congreso Judío
Miércoles 25 de junio de 2008 |
“La intolerancia, como el antisemitismo y otras formas de discriminación, es inherente a la condición humana. Sólo los pueblos, más que los gobiernos, pueden detener la intolerancia, este flagelo persistente que tantas vidas costó en el pasado y que puede volver a repetirse, implacable, en el presente y el futuro de la humanidad.”
Quien esto dice, con tranquilidad y sin levantar la voz, es Ronald Lauder, inversionista, coleccionista de arte y filántropo de fama mundial, que desde hace ocho meses preside el Congreso Judío Mundial, entidad con sede en Nueva York que agrupa a las representaciones políticas judías de todo el mundo.
Nacido en Estados Unidos en 1944 y heredero del imperio de la cosmética y los regalos que crearon sus padres, Estée y Joseph, que factura miles de millones de dólares por año, Lauder desarrolló una vida ligada a la diplomacia y a la lucha contra los efectos devastadores que el nazismo provocó en poblaciones judías del continente europeo. Fue embajador de su país en Viena durante el gobierno del republicano Ronald Reagan, lo que lo acercó a sus raíces judías y lo llevó a crear una fundación que asiste a escuelas, campos comunitarios y centros juveniles en países de Europa del Este. Amante del arte, dedicó muchos de sus esfuerzos a la recuperación de obras de arte robadas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
Ronald Lauder llegó ayer a Buenos Aires por primera vez, para permanecer aquí unas pocas horas. Ayer, se reunió con el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, y con el titular del Episcopado, monseñor Jorge Bergoglio, y hoy se encontrará, en la Casa Rosada, con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Lauder se muestra preocupado por Irán, país que, según su visión, "esparce su veneno sobre otras naciones del continente". No lo menciona, pero durante la reunión previa a la entrevista con LA NACION (con Jack Terpins, titular del Congreso Judío Latinoamericano, y Eduardo Elsztain, tesorero de la entidad a escala mundial) se analizaron con preocupación los vínculos del presidente venezolano, Hugo Chávez, con Teherán.
-¿Qué idea tiene de la Argentina? ¿Es un país importante para la entidad que preside?
-Como norteamericanos, miramos muy seriamente a la Argentina. Hace cinco años, ustedes pasaron momentos económicos muy serios, y hoy se atraviesa un período de prosperidad, que esperamos que continúe...
-Desde que ocurrieron los atentados a la embajada de Israel y la AMIA, distintos gobiernos han intentado sin éxito dar con los responsables de los ataques. ¿Hay preocupación?
-Como presidente del Congreso Judío Mundial, no hablo sino en nombre del mundo judío en general. Lamentamos que no se haya podido descubrir a los responsables de los ataques en esta ciudad y esperamos que el caso se resuelva pronto.
-Se calificó a estos hechos como atentados antisemitas o antisionistas. ¿En qué punto estamos hoy en la lucha contra este fenómeno en el mundo?
-Es difícil decirlo. Es como mensurar si un marido golpeador le pegó más o menos a su esposa. Creo que vivimos en un mundo en el que es posible luchar contra estos "anti", y el único camino para resolver esto es que los pueblos tomen en sus manos el problema. Ningún gobierno puede determinar el fin de estos fenómenos. Toda vez que un pueblo permite que eso ocurra, se inicia un proceso que termina destruyendo al propio pueblo que les concede a los intolerantes la posibilidad de crecer.
-¿Qué problemas lo preocupan tras ocho meses en el cargo?
-Uno es el antisemitismo. Aunque nunca desaparecerá, hacemos todo lo posible para morigerarlo.
-¿La educación no alcanza?
-No desaparecerá porque la gente es gente, al igual que nunca podremos tener un gobierno con el que todos estemos de acuerdo. La segunda preocupación que, como parte del mundo, debemos tener es la cuestión iraní. Si bien Irán está del otro lado del planeta, tiene influencia en la vida de todos. No sólo por su deseo de promover su desarrollo de armas nucleares, sino por su intención de promover el terrorismo e inyectar el odio. No puedo decir que esto ocurra en la Argentina, pero sí pasa en otros países de América latina. Los atentados que vivieron ustedes también tuvieron que ver con ese veneno.
-El presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, prometió "borrar a Israel del mapa". ¿Lo toma como una amenaza vana o está preocupado?
-Dios no permita que sea una realidad. En el libro Mi lucha , Hitler describió lo que le haría al pueblo judío, y años después vimos lo que ocurrió. No hay duda de que se trata de un hombre determinado, con un fervor religioso importante. Irán está todavía en las Naciones Unidas. Muchos países tienen relaciones comerciales con esa nación. ¿Qué ocurriría si un país de este continente dijera que piensa eliminar a otro? ¡A estas alturas estaría aislado!
-Usted ha estado muy cerca del fenómeno del nazismo. ¿Europa aprendió la lección o es posible que recaiga en recetas autoritarias?
-La mayoría de los países europeos han comprendido los errores del pasado, y están haciendo los mayores esfuerzos para ser positivos. En Austria, que fue a la vez la primera víctima del nazismo y colaboradora del Tercer Reich, aprendí que hay que tomar en serio a los líderes mundiales cuando hablan de eliminar a otro país o grupo.
-¿Qué papel ocupan en este contexto los medios de comunicación?
-La verdad es una herramienta muy poderosa, y los medios de comunicación cumplen un papel importante, no sólo para expresarse con libertad, sino para comunicar la verdad. Es interesante que, como en la Alemania nazi y en el Irán de hoy, lo primero que hacen los gobiernos autoritarios es interrumpir la libertad de expresión.
-¿Hay más democracia o más fundamentalismo en la actualidad?
-Existe una paradoja. Los fundamentalismos están creciendo, pero también lo hacen las democracias. Mucha gente ha sido empujada, por el miedo y la pobreza, a sostener posiciones fundamentalistas, pero a la vez nunca hubo tantas democracias como hoy. Esto puede resolverse de tres maneras: puede no ganar ninguna de las dos posiciones, puede haber una batalla entre ambas, o se pueden encontrar las maneras de vivir en absoluta paz. No tengo idea de cuál será el resultado final. Por lo menos, no lo diré... [Se ríe.]
-¿A qué adjudica la imagen negativa que Israel tiene en muchos países subdesarrollados?
-La razón es muy simple. Cuando aparece una joven nación que lucha contra todo lo que se le pone enfrente, como hizo Israel en 1948, el mundo entero la ve de manera positiva. Una vez que Israel se fortaleció y se convirtió en un país fuerte, otros países árabes y los palestinos se convirtieron, según esa visión, en los vulnerables. Hoy hay un antinorteamericanismo que no se debe sólo a la invasión de Irak, sino a que se ve a los Estados Unidos como un país demasiado fuerte.
-¿Les preocupa a los judíos norteamericanos un eventual triunfo electoral de Barack Obama?
-Soy republicano, pero cuando asumí el cargo dejé de pertenecer al partido y pasé a representar a todos los judíos. Creo que Obama y McCain tomarán esta misma actitud, y gobernarán para todo el pueblo.
-Muchos analistas dicen que con Obama se abrió una etapa de mayor participación democrática y hablan de un cambio de época
-Creo que Estados Unidos es un país joven y que necesita ese tipo de liderazgos, pero también que es un país complicado, que necesita experiencia de mando. Ojalá McCain tuviera cuarenta años y Obama, la experiencia de su contrincante... He visto a John Kennedy cometer errores por su inexperiencia y a Ronald Reagan hacer las cosas muy bien, precisamente, por su gran experiencia. Será una elección muy interesante, con dos candidatos excelentes.
-Mucho se ha dicho sobre el papa Benedicto XVI y su presunta intención de detener los avances en el diálogo ecuménico obtenidos durante el pontificado de Juan Pablo II. ¿Cuál es su visión?
-Tuve la oportunidad de conocer al nuevo papa. Tuvimos una discusión franca y abierta. Quedé muy impresionado por su comprensión de los problemas mundiales. El busca una manera de reunir a la cristiandad, el judaísmo y los pueblos musulmanes. Creo que logrará grandes avances en ese sentido.
Por Jaime Rosemberg
De la Redacción de LA NACION
Fuente: LA NACIÓN, de Buenos Aires.
CON FIRMA
Duelo de mutantes
POR ADOLFO GARCÉ (*) ESPECIAL PARA EL OBSERVADOR
Cada vez está más claro que la candidatura presidencial del FA terminará definiéndose entre José Mujica y Danilo Astori. Tanto los manuales de ciencia política como la breve historia de las primarias en el país sugieren que terminará triunfando aquél que logre expresar mejor los sueños de los frenteamplistas. El desafío de quienes intentamos calcular las probabilidades de ambos precandidatos es, por ende, el de comprender la estructura de preferencias de los simpatizantes del FA, especialmente de los que concurrirán a expresar su preferencia en la elección primaria.
¿Qué quieren los frenteamplistas? ¿Cuáles son sus prioridades? ¿Cuáles son sus anhelos? Para empezar, sueñan con mantenerse en el poder. Lucharon mucho para poder ver al FA en el gobierno. No sufrieron y esperaron tanto para disfrutar apenas cinco años. Les horroriza la perspectiva de perder la elección. No es posible entender la potencia de la precandidatura de Danilo Astori sin registrar la intensidad de esta ilusión. Muchos frenteamplistas piensan que si el líder de Asamblea Uruguay no es el candidato a la Presidencia, el FA no logrará ser reelecto.
No comparto este argumento. El orden de los factores no altera dramáticamente el producto. La clave de la reelección del FA no es el candidato sino los méritos de la gestión de Vázquez. De todos modos, lo que importa desde el punto de vista del análisis es que esta manera de pensar está ampliamente divulgada entre los simpatizantes del FA. Precisamente, el principal problema de José Mujica es que un número importante de frenteamplistas, incluso muchos que se autoidentifican como de izquierda y que no vacilarían en votarlo como senador o como vicepresidente, temen que el FA pueda perder la elección si el líder del Espacio 609 termina encabezando la fórmula presidencial.
En esencia, el razonamiento que están haciendo muchos votantes frenteamplistas no es muy distinto del que hicieron la mayoría de los electores que concurrieron a votar en la primaria del PN en el junio de 2004. No puede explicarse la clarísima victoria de Jorge Larrañaga sobre Luis A. Lacalle sin tomar en cuenta hasta qué punto arraigó entre los blancos, después del tremendo naufragio de este partido en 1999, que “el PN no tiene posibilidades reales de disputarle la elección al FA con Lacalle como candidato”.
Desde luego, los frenteamplistas no sólo quieren ganar. Gobernar no es un fin en sí mismo. Quieren volver a gobernar para dejar una huella de izquierda en las políticas públicas. La larga espera habrá valido la pena si las opciones de políticas públicas realizadas son compatibles con la tradición ideológica del FA. No puede entenderse la construcción de la precandidatura de Mujica sin tomar en cuenta esta otra dimensión de la estructura de preferencias de los frenteamplistas. Para muchos, probablemente para la mayoría de ellos, Mujica expresa mejor que Astori el viejo sueño de un gobierno distinto al de colorados y blancos, nítidamente de izquierda.
Observados desde este prisma analítico ambos líderes tienen visibles fortalezas pero también notorias debilidades. Astori expresa mucho mejor que Mujica el potente anhelo de ganar, pero Mujica interpreta mejor que Astori la vieja ilusión de un gobierno con políticas de izquierda. A partir de aquí surgen con claridad los principales desafíos de sus respectivas campañas. El ex guerrillero tiene que poder demostrarle a los frenteamplistas que puede llevar al FA a una nueva victoria. Astori, por su parte, tiene que persuadirlos de que puede dirigir un gobierno que puedan reconocer como propio. Ambos precisan cirugía plástica, Mujica para parecerse a Astori, Astori para parecerse a Mujica.
Si mi lectura es correcta, en un duelo de mutantes el líder tupamaro es el favorito. Camaleón de profesión, actor consumado reiteradamente premiado por el público, viejo zorro con medio siglo de carrera política encima, no debería tener mayores problemas para asumir, en cuanto se lo proponga, el estilo y las formalidades normalmente exigidos a cualquier “presidenciable”. Lo único que podría conspirar contra él es no comprender a tiempo que, hoy por hoy, los frenteamplistas tienen que hacer un esfuerzo demasiado grande para imaginarlo con la banda presidencial.
Será una pulseada memorable. De un lado la magia del político, su insólito pragmatismo, su flexibilidad en la negociación, su sensibilidad para sintonizar con la gente y expresar sus sueños. Del otro lado, la magia del economista, su estilo principista, su prestigio académico, su hablar pausado y elegante, su aureola de infalibilidad, su promesa de estabilidad.
(*) Adolfo Garcé es magíster en Ciencia Política, docente e investigador en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, UdelaR.
Fuente: Diario EL OBSERVADOR, de Montevideo.
EL ESCRITO FUE ENVIADO EN 2003 A LA JUSTICIA DE MALDONADO ANTE UN RECLAMO DE SU EX ESPOSA
Informe del Senado: Gonzalo Nin “no es funcionario”
El senador Lara pidió al Directorio un juicio político al vicepresidente Nin Novoa
Gonzalo Nin. Le pagan “sectores parlamentarios”, no el Senado
La dirección de Recursos Humanos de la Cámara de Senadores le comunicó a la Justicia que Gonzalo Nin Novoa “no es” funcionario de ese cuerpo, como lo ha venido sosteniendo su hermano, el vicepresidente Rodolfo Nin Novoa, para explicar algunas partidas de dinero gastadas en viajes al extranjero.
La citada oficina del Parlamento envió el 4 de setiembre de 2003 a la fiscal de Maldonado, Graciela Fossati, ese escrito donde niega que Gonzalo Nin sea funcionario. La magistrada había pedido informes acerca de la situación laboral de Gonzalo Nin luego que su ex esposa le inició un juicio por presuntas omisiones en el mantenimiento de sus hijos.
“El señor Gonzalo Nin Novoa no es funcionario de la Cámara de Senadores, percibió el citado beneficio (el seguro de salud en favor de sus hijos) por el rubro Gasto de Sectores Parlamentarios”, dice el escrito del Senado.
El vicepresidente Nin Novoa había sido contundente cuando el senador Julio Lara (Alianza Nacional) acusó a su hermano de percibir viáticos que no le correspondían. “Lara no sabe nada. Tengo el dictamen de un catedrático grado 5 en Derecho Administrativo que establece, con meridiana claridad, que Gonzalo Nin es funcionario público, cumple una función pública”, dijo Rodolfo Nin el 1º de abril.
Siete días después le envió una carta a Lara en la que, citando al catedrático Juan Pablo Cajarville, señala que “Gonzalo Nin en su calidad de secretario personal del señor vicepresidente de la República y presidente de la Asamblea General, es funcionario público”.
Rodolfo Nin desestimó, incluso, un dictamen del Tribunal de Cuentas del 12 de marzo que señaló que “no existe norma que autorice el pago de viático a personas que, no siendo funcionarios públicos, acompañan al presidente del Senado en viajes al exterior”.
Este episodio, y otros vinculados con los Nin Novoa, llevaron a Lara a plantear ayer en el Directorio del Partido Nacional el inicio de un juicio político al vicepresidente. La iniciativa será analizada en las próximas horas por la bancada parlamentaria nacionalista.
Deudas. Lara se basó en una carta abierta que le envió otro de los hermanos Nin Novoa, Fernando (ver Cartas al director en página 10), para reafirmar sus denuncias acerca de la forma en que fue saldada una deuda que el vicepresidente mantenía con el Banco República.
El parlamentario ya envió dos pedidos de informes a esa institución bancaria para conocer el monto de esa deuda y cómo fue pagada. El semanario Búsqueda dijo la semana pasada que se está investigando si, a la deuda de Nin, el BROU le hizo quitas excesivas. Lara asegura que esto es así,y que Rodolfo Nin acumuló una deuda de casi US$ 190.000 con el BROU –lo que le valió un embargo– que fue saldada con mucho menos dinero luego de que el Frente Amplio llegó al gobierno.
Además de esto, la Justicia penal indaga si Gonzalo Nin ejerció alguna influencia en negocios militares con privados realizados por el Ejército. Gonzalo Nin sigue ejerciendo como secretario de su hermano, el vicepresidente de la República.
Fuente: EL OBSERVADOR, de Montevideo.
Nuestro Estado, ¿es "fallido" o es "abusivo"?
Por Mariano Grondona
Domingo 8 de junio de 2008 |
En las naciones golpeadas por sucesivas frustraciones, la discusión pública deja un día de buscar el éxito para buscar a los causantes del fracaso. En el primer caso la imaginación, volcada al futuro, diseña proyectos. En el segundo caso no predomina la imaginación, sino la memoria, cuyo cometido ya no es crear oportunidades sino encontrar culpables. El país no mira entonces al futuro sino al pasado. Cae en el vicio del retrospectivismo .
Ortega y Gasset definió a la nación como "un proyecto sugestivo de vida en común". Las Bases, de Alberdi, escritas en el umbral de la Constitución de 1853, les ofrecieron a los argentinos, que estaban saliendo de 40 años de guerra civil, un proyecto sugestivo de vida en común.
Durante casi 80 años, la Argentina gozó desde entonces de un proceso de desarrollo económico impar que la elevó del fondo del pozo de América latina al cuadro de honor de los diez países del mundo con más elevado ingreso por habitante durante las tres primeras décadas del siglo XX, un ingreso mayor que el de toda América latina reunida, que complementó además la reforma electoral de 1912, mediante la cual dejó de ser una república aristocrática para convertirse en una república democrática.
Sin embargo, los conservadores y los radicales, que fueron los dos partidos predominantes de aquella época, se detestaron. Esto resultó notable porque en el resto del mundo desarrollado y también en algunos países latinoamericanos los dos partidos predominantes, con diversos nombres de conservadores, liberales o socialdemócratas igual que los nuestros, han conseguido arribar finalmente, no sin vicisitudes a veces trágicas, a la amplia playa de la tolerancia que hoy sustenta su envidiable desarrollo político y económico.
Entre nosotros, en cambio, la intolerancia resultó la vencedora hasta lograr, en 1930, nuestra fractura institucional, una fractura que aún hoy, a casi ochenta años de distancia, no hemos logrado superar. Con el golpe de Estado de 1930 los argentinos terminaron de abrir la caja de Pandora del odio recíproco, de la discordia. Desde ese momento, la Argentina empezó a retroceder en el concierto de las naciones. Para un argentino, no hubo de ahí en más nada peor que algún otro argentino.
El "retrospectivismo"
Cuando a una nación la alienta una sucesión de éxitos, el método para prevalecer políticamente es ofrecerle nuevas metas. Cuando a una nación la agobia una sucesión de fracasos, un método de prevalecer políticamente es ofrecerle nuevos culpables. De 1930 en adelante, cuando la Argentina empezó a sumar frustraciones, también perfeccionó el arte de la demonización. Los conservadores y los militares de los años treinta cimentaron la fama de ineficiencia que hasta hoy afecta a los radicales. Pero éstos contribuyeron a demonizar los años treinta, a su vez, llamándolos "la década infame". En los años cuarenta y cincuenta se difundió la descalificación del peronismo en nombre de la libertad. Pero a la Revolución Libertadora de 1955 los peronistas la han llamado "la revolución fusiladora". Cuando el radicalismo de Frondizi atrajo abundantes inversiones extranjeras, se lo culpó por la "desnacionalización". Los militares de los años 70, que proclamaron la lucha contra la subversión castrista, ahora son "los represores" y su década, "la dictadura". La larga lista de los epítetos podría continuar.
Lo que interesa subrayar aquí, sin embargo, no es el epíteto particular que dominó a cada ciclo político, sino el rasgo general que caracterizó a todos ellos: el retrospectivismo. Cada ciclo no basó su éxito político en un nuevo proyecto sino en una nueva demonización. Este es el vicio común que nos ha caracterizado durante la larga declinación argentina: el abuso de la memoria acusadora en desmedro de la capacidad de enhebrar, como lo hicieron los argentinos de hace 150 años, un proyecto de nación. Había, sin duda, cosas que corregir y superar en nuestra herencia. Pero en vez de bendecir un nuevo proyecto que viniera a perfeccionar el proyecto alberdiano, la ocupación dominante de los gobernantes argentinos fue maldecir al antecesor. Después de ocho décadas de progreso alucinante, hemos conocido otros ochenta años de maldiciones sucesivas. ¿No es ésta una cuenta suficiente para devolverle al futuro su escenario?
Esta pregunta aumenta su importancia precisamente por el crescendo que el ejercicio de la demonización ha venido experimentando en los últimos años. Como lo está corroborando desde hace 90 días mediante su conflicto con el campo, el kirchnerismo está convirtiendo la demonización en un deporte extremo. ¿Cuáles son en todo caso las culpas del campo? Una, que le ha opuesto el pecho al autoritarismo kirchnerista como nadie se había atrevido a hacerlo hasta ahora. Pero el campo ha cometido otra culpa aún más grave que la de aquellos otros a quienes también detesta el kirchnerismo. Al campo le ha ido bien.
¿Fallido o abusivo?
Algunos observadores internacionales han estado usando dos expresiones para descalificar a los Estados disfuncionales. A algunos de ellos, como Irán, Cuba y Corea del Norte, los consideran "Estados abusivos" ( rogue states ) por violar a sus anchas el derecho internacional. A otros los llaman en cambio "Estados fallidos" ( failed states) por no asegurar ni siquiera el orden interno. Naciones como Haití y Afganistán, por ejemplo, bordean peligrosamente esta calificación.
Estas observaciones negativas, ¿podrían acercarse de algún modo a la situación actual de la Argentina? En cuanto al concepto de "Estado fallido", ya desde el derrumbe de Alfonsín y todavía más desde el de De la Rúa, quedó la impresión de que los cimientos de nuestro Estado están flotando sobre un terreno barroso, inestable. Los asaltos a los supermercados, los piquetes, los cacerolazos, los "escraches", los cortes de rutas, las corridas bancarias, la consigna "que se vayan todos" afloran con frecuencia en situaciones diversas que tienen en común, empero, algo así como el sitio de un Estado impotente por parte de una sociedad en estado de aguda disconformidad.
Algunos críticos suman a estos signos alarmantes otros que ya no afectan directamente al Estado desde fuera de él, pero que provienen de él, como el control absoluto de los poderes de la Constitución desde el círculo que rodea a la presidencia, prácticas frecuentemente reñidas con la moral pública y la violación de la división de los poderes. Los constitucionalistas coinciden en que la ya famosa resolución 125 que cambió el nivel y el método de las retenciones es abiertamente inconstitucional. El juez de la Corte Eugenio Zaffaroni ha llegado a reconocer, por ejemplo, que ellas plantean "un problema jurídico". Si la Suprema Corte se anima a definir su inconstitucionalidad, ¿no bastaría este pronunciamiento para resolver de cuajo el conflicto entre el Gobierno y el campo?
En un momento en que el poder y la moral del Gobierno bordean las graves calificaciones que alcanzan a los Estados "fallidos" y "abusivos", ¿no sería importante que la Suprema Corte decidiera que también ella encabeza un poder del Estado?
Fuente: LA NACIÓN, de Buenos Aires.
Nuestro Estado, ¿es "fallido" o es "abusivo"?
Por Mariano Grondona
Domingo 8 de junio de 2008 |
En las naciones golpeadas por sucesivas frustraciones, la discusión pública deja un día de buscar el éxito para buscar a los causantes del fracaso. En el primer caso la imaginación, volcada al futuro, diseña proyectos. En el segundo caso no predomina la imaginación, sino la memoria, cuyo cometido ya no es crear oportunidades sino encontrar culpables. El país no mira entonces al futuro sino al pasado. Cae en el vicio del retrospectivismo .
Ortega y Gasset definió a la nación como "un proyecto sugestivo de vida en común". Las Bases, de Alberdi, escritas en el umbral de la Constitución de 1853, les ofrecieron a los argentinos, que estaban saliendo de 40 años de guerra civil, un proyecto sugestivo de vida en común.
Durante casi 80 años, la Argentina gozó desde entonces de un proceso de desarrollo económico impar que la elevó del fondo del pozo de América latina al cuadro de honor de los diez países del mundo con más elevado ingreso por habitante durante las tres primeras décadas del siglo XX, un ingreso mayor que el de toda América latina reunida, que complementó además la reforma electoral de 1912, mediante la cual dejó de ser una república aristocrática para convertirse en una república democrática.
Sin embargo, los conservadores y los radicales, que fueron los dos partidos predominantes de aquella época, se detestaron. Esto resultó notable porque en el resto del mundo desarrollado y también en algunos países latinoamericanos los dos partidos predominantes, con diversos nombres de conservadores, liberales o socialdemócratas igual que los nuestros, han conseguido arribar finalmente, no sin vicisitudes a veces trágicas, a la amplia playa de la tolerancia que hoy sustenta su envidiable desarrollo político y económico.
Entre nosotros, en cambio, la intolerancia resultó la vencedora hasta lograr, en 1930, nuestra fractura institucional, una fractura que aún hoy, a casi ochenta años de distancia, no hemos logrado superar. Con el golpe de Estado de 1930 los argentinos terminaron de abrir la caja de Pandora del odio recíproco, de la discordia. Desde ese momento, la Argentina empezó a retroceder en el concierto de las naciones. Para un argentino, no hubo de ahí en más nada peor que algún otro argentino.
El "retrospectivismo"
Cuando a una nación la alienta una sucesión de éxitos, el método para prevalecer políticamente es ofrecerle nuevas metas. Cuando a una nación la agobia una sucesión de fracasos, un método de prevalecer políticamente es ofrecerle nuevos culpables. De 1930 en adelante, cuando la Argentina empezó a sumar frustraciones, también perfeccionó el arte de la demonización. Los conservadores y los militares de los años treinta cimentaron la fama de ineficiencia que hasta hoy afecta a los radicales. Pero éstos contribuyeron a demonizar los años treinta, a su vez, llamándolos "la década infame". En los años cuarenta y cincuenta se difundió la descalificación del peronismo en nombre de la libertad. Pero a la Revolución Libertadora de 1955 los peronistas la han llamado "la revolución fusiladora". Cuando el radicalismo de Frondizi atrajo abundantes inversiones extranjeras, se lo culpó por la "desnacionalización". Los militares de los años 70, que proclamaron la lucha contra la subversión castrista, ahora son "los represores" y su década, "la dictadura". La larga lista de los epítetos podría continuar.
Lo que interesa subrayar aquí, sin embargo, no es el epíteto particular que dominó a cada ciclo político, sino el rasgo general que caracterizó a todos ellos: el retrospectivismo. Cada ciclo no basó su éxito político en un nuevo proyecto sino en una nueva demonización. Este es el vicio común que nos ha caracterizado durante la larga declinación argentina: el abuso de la memoria acusadora en desmedro de la capacidad de enhebrar, como lo hicieron los argentinos de hace 150 años, un proyecto de nación. Había, sin duda, cosas que corregir y superar en nuestra herencia. Pero en vez de bendecir un nuevo proyecto que viniera a perfeccionar el proyecto alberdiano, la ocupación dominante de los gobernantes argentinos fue maldecir al antecesor. Después de ocho décadas de progreso alucinante, hemos conocido otros ochenta años de maldiciones sucesivas. ¿No es ésta una cuenta suficiente para devolverle al futuro su escenario?
Esta pregunta aumenta su importancia precisamente por el crescendo que el ejercicio de la demonización ha venido experimentando en los últimos años. Como lo está corroborando desde hace 90 días mediante su conflicto con el campo, el kirchnerismo está convirtiendo la demonización en un deporte extremo. ¿Cuáles son en todo caso las culpas del campo? Una, que le ha opuesto el pecho al autoritarismo kirchnerista como nadie se había atrevido a hacerlo hasta ahora. Pero el campo ha cometido otra culpa aún más grave que la de aquellos otros a quienes también detesta el kirchnerismo. Al campo le ha ido bien.
¿Fallido o abusivo?
Algunos observadores internacionales han estado usando dos expresiones para descalificar a los Estados disfuncionales. A algunos de ellos, como Irán, Cuba y Corea del Norte, los consideran "Estados abusivos" ( rogue states ) por violar a sus anchas el derecho internacional. A otros los llaman en cambio "Estados fallidos" ( failed states) por no asegurar ni siquiera el orden interno. Naciones como Haití y Afganistán, por ejemplo, bordean peligrosamente esta calificación.
Estas observaciones negativas, ¿podrían acercarse de algún modo a la situación actual de la Argentina? En cuanto al concepto de "Estado fallido", ya desde el derrumbe de Alfonsín y todavía más desde el de De la Rúa, quedó la impresión de que los cimientos de nuestro Estado están flotando sobre un terreno barroso, inestable. Los asaltos a los supermercados, los piquetes, los cacerolazos, los "escraches", los cortes de rutas, las corridas bancarias, la consigna "que se vayan todos" afloran con frecuencia en situaciones diversas que tienen en común, empero, algo así como el sitio de un Estado impotente por parte de una sociedad en estado de aguda disconformidad.
Algunos críticos suman a estos signos alarmantes otros que ya no afectan directamente al Estado desde fuera de él, pero que provienen de él, como el control absoluto de los poderes de la Constitución desde el círculo que rodea a la presidencia, prácticas frecuentemente reñidas con la moral pública y la violación de la división de los poderes. Los constitucionalistas coinciden en que la ya famosa resolución 125 que cambió el nivel y el método de las retenciones es abiertamente inconstitucional. El juez de la Corte Eugenio Zaffaroni ha llegado a reconocer, por ejemplo, que ellas plantean "un problema jurídico". Si la Suprema Corte se anima a definir su inconstitucionalidad, ¿no bastaría este pronunciamiento para resolver de cuajo el conflicto entre el Gobierno y el campo?
En un momento en que el poder y la moral del Gobierno bordean las graves calificaciones que alcanzan a los Estados "fallidos" y "abusivos", ¿no sería importante que la Suprema Corte decidiera que también ella encabeza un poder del Estado?
Fuente: LA NACIÓN, de Buenos Aires.
Editorial
Insaciable voracidad fiscal
Domingo 8 de junio de 2008 |
La carga impositiva en la Argentina ha crecido en los últimos cinco años a un ritmo claramente superior al aumento de la producción y de los ingresos de personas y empresas.
La presión tributaria, medida por la relación entre la recaudación impositiva y el producto bruto interno, llegó al 33,6 por ciento en 2007. Este porcentaje incluye lo recaudado por la AFIP, más lo captado en impuestos propios por las provincias y los municipios. Esta cifra se compara con el 22 por ciento en 2002 y con valores que no superaron el 25 por ciento en la década del noventa.
Este aumento pone hoy a la Argentina en niveles elevados en las comparaciones internacionales, casi a la altura de países europeos de los que tradicionalmente hemos distado. En efecto, la presión tributaria en España es del 34 por ciento, y en el Reino Unido, del 37. En los Estados Unidos, es del 29 por ciento, y en Chile, donde gran parte de las cargas sociales no son consideradas tributos por destinarse al sistema privado de jubilaciones, es de sólo el 19.
Los porcentajes anteriores no expresan, sin embargo, toda la incidencia de los impuestos en la economía de las personas o de las empresas. Habiendo una evasión significativa, la carga real para quienes no evaden es notablemente mayor. Una empresa industrial mediana que cumple con todos sus impuestos llega a tributar entre el 40 y el 45 por ciento de sus ventas. Un productor agropecuario que cultiva y comercializa soja de exportación deja en manos del Estado, entre retenciones y otros impuestos, alrededor del 60 por ciento del valor internacional de su producción. Estas altas incidencias desalientan la producción y crean un fuerte incentivo para evadir.
Lo que ocurre en la Argentina no debe adjudicarse exclusivamente a un bajo nivel ético y moral. Es cierto que la evidencia de dispendio y corrupción estatal lleva a muchos, equivocadamente, a justificar la evasión, pero además se produce un verdadero círculo vicioso cuando el Gobierno intenta compensar la alta evasión aumentando las alícuotas impositivas, lo que induce a más evasión, y así sucesivamente. Hay actividades que desaparecerían, en caso de cumplir con todas sus obligaciones impositivas. Para muchos, la evasión es una condición de supervivencia, lo que no la justifica, pero habla de la elevada carga impositiva formal.
El exponencial aumento de la presión tributaria es lo que ha hecho factible mantener el superávit de las cuentas públicas a pesar del notable incremento del gasto, observado desde el año 2003. Una parte relevante de la mayor recaudación ha provenido de los derechos de exportación o retenciones, que se vieron impulsadas por el aumento reiterado de las alícuotas aplicadas y de los altos precios internacionales. Otro componente de la escalada impositiva ha sido el llamado impuesto al cheque, que produce una pesada carga para el comercio y que, además, desalienta la bancarización e incentiva la informalidad. También hubo aumentos significativos en la alícuota del impuesto a los bienes personales, hasta el punto de sustraer una gran parte de cualquier rendimiento que una persona que declare todas sus ganancias y bienes pueda obtener de sus ahorros.
Por otro lado, la creciente inflación está produciendo una multiplicación del impuesto a las ganancias sobre las empresas, que no pueden hoy legalmente ni indexar ni ajustar sus balances. La última vuelta de tuerca en la búsqueda de mayor recaudación fue la del aumento de las retenciones agrícolas establecido el 11 de marzo último, que sobrepasó los límites admisibles y provocó la notable reacción del campo. Este ha sido un caso de rebelión fiscal que ha puesto de manifiesto los límites de la presión tributaria.
El probable enfriamiento de la economía, así como la estabilización externa de los precios agrícolas, no conjugará favorablemente con una tan elevada presión impositiva. Si se pretendiera usar anticíclicamente la política fiscal, caerían necesariamente los ingresos y difícilmente se podría sostener el superávit primario suficiente para pagar los intereses de la deuda pública. Esto pone de manifiesto la importancia de actuar estructuralmente sobre el gasto público y de contar con un programa fiscal sólido para el mediano y largo plazo.
Cualquier intento de continuar aumentando la presión impositiva será como exprimir una naranja que ya ha agotado todo su jugo.
Fuente: LA NACIÓN, de Buenos Aires.
El escenario
“Las retenciones a la soja no se negociarán”, dijo la Presidenta
Por Joaquín
Morales Solá
Domingo 8 de junio de 2008 |
Cristina Kirchner está visiblemente más serena que su marido, aunque tan inconmovible como él. Las retenciones a la soja no se negociarán, dijo el viernes, enfática y definitiva. Un día antes, Néstor Kirchner había sido más fatalista ante la crema y nata del peronismo: Moriremos abrazados a la causa, si hay que morir, dramatizó. En esas mismas horas, los dirigentes rurales debieron soportar durante diez horas una intensa presión de sus afiliados para continuar con el paro. ¡No somos golpistas!, repitieron varias veces, metidos ya en discusiones y dinámicas que no crearon ellos.
Un día después, ayer, la sangre tan temida apareció en las rutas. Escuchar a los protagonistas de la discordia significa perder en el acto el derecho a la esperanza. El viernes se abrió, según todas las apariencias, sólo otra tregua en el largo conflicto entre el Gobierno y los campesinos.
La crisis tiene en vilo a la sociedad desde hace tres meses. ¡No hay crisis!, replica la Presidenta. ¿Qué pasa entonces para que mucha gente esté pendiente del conflicto entre el Gobierno y el campo? Pasa que el gobierno legítimo tomo una decisión legítima y un sector económico la resiste. Punto. No hay más que eso, argumenta. En rigor, Cristina no ha perdido la costumbre de intelectualizar los hechos y pasarlos luego por el tamiz ideológico. Es un sector que no quiere al peronismo, afirma, aludiendo a los ruralistas. La supuesta conspiración destituyente se desliza entre sus reflexiones, aunque no se extiende demasiado sobre esa inferencia.
Néstor Kirchner es más fatalista. El Gobierno puede ganar o no, pero la derrota habrá valido la pena. Para él hay sólo dos alternativas: o el Gobierno cambia el actual equilibrio de la riqueza en la Argentina o se convierte en un gobierno más, condenado a negociar con las corporaciones. Sus alusiones despectivas a las corporaciones incluyen a la política, siempre que la política no esté a su servicio. La corporación política es una referencia recurrente del ex presidente. Cristina nunca va tan lejos, pero es evidente que coincide con el trazo grueso de esas percepciones políticas.
Los dirigentes rurales se prendieron del brazo del cardenal Jorge Bergoglio y del defensor del pueblo, Eduardo Mondino, para salir de la ratonera en la que estaban. El desabastecimiento de las cosas esenciales para vivir comenzaba a sentirse en las zonas más pobladas del país; la violencia en las rutas, entre productores y camioneros, crecía con el correr de las horas, y el Gobierno decía discursos dialoguistas sin dialogar. La pelota está otra vez en poder del gobierno , respiraban tranquilos los ruralistas en la noche del viernes, después de levantar el paro. No se hacen ilusiones: Es un descanso para tomar oxígeno y romper la estrategia mediática del Gobierno , aclaraban.
En cualquier momento puede haber un muerto , le advirtió a Néstor Kirchner un dirigente peronista del interior. Entonces se agudizarán las contradicciones , zafó el ex presidente, recitando la terminología de ideas que nunca fueron suyas. Es probable que ni siquiera conozca de dónde proviene esa fraseología. La Argentina le debe a la Iglesia la creación de un camino que la alejó, aunque fuera circunstancialmente, de la violencia y de más sangre. Los ruralistas no tenían argumentos para levantar el paro, mientras las grescas aumentaban peligrosamente a la vera de los caminos, cuando los obispos pidieron el diálogo y la pacificación. Los dirigentes campesinos encontraron ahí una puerta para salir de un lugar demasiado incómodo.
Me hubiera gustado ver que la Iglesia hablara en su documento de la distribución de la riqueza , hinca la Presidenta. Un momento, por favor, se disculpa y se va. Vuelve con varios documentos de la Iglesia, algunos del año 2000, y lee los párrafos dedicados a los pobres, a los intereses sectoriales y a la mala distribución de la riqueza. En el documento de ahora no hubo una sola referencia a toda esa historia intelectual , dice. Pero la Iglesia le pidió al campo que abandone las rutas y que levante el paro. Eso estuvo bien , concede, breve y lacónica.
La paciencia oriental
Néstor Kirchner fue más expeditivo: Lo que estás diciendo es una estupidez , le replicó a Hugo Moyano cuando éste propuso que el Gobierno convocara al diálogo respaldándose en el documento de los obispos. Felipe Solá le recordó al ex presidente que el peronismo son los dirigentes, los militantes y también la gente de a pie. La gente común cree que la solución la debe dar el Gobierno , le señaló. Kirchner se evadió, una y otra vez, trasladándole la responsabilidad a los medios periodísticos. Los medios han creado esa sensación social , culpó. La estrategia del ex presidente se cifra en recurrir a la paciencia oriental , la gimnasia del inmovilismo que la sociedad no suele comprender cuando la practica un gobierno.
También la Presidenta está segura de que los medios de comunicación han hecho mucho para atizar el fuego. Es fácil hablar de redistribuir la riqueza cuando se está en la oposición. Son sólo palabras. Pero es mucho más complicado llevar el concepto a la práctica desde el gobierno , subraya. Una mezcla que une a sectores económicos con la prensa ha construido la resistencia a esas políticas. Así piensa el matrimonio presidencial. Hay, por lo tanto, una conspiración en marcha. Cristina no lo dice tan explícitamente; Néstor Kirchner es el encargado de denunciar el complot.
Un sector del Gobierno, más objetivo, señala que el peor error del Gobierno fue juntar en el tiempo el conflicto con los ruralistas y la confrontación con la prensa. Son funcionarios que creen que todavía se puede hablar con los dirigentes agropecuarios, empezando por la ganadería, la lechería, el trigo o el maíz. En un clima de acuerdos, las retenciones podrían estar al final de ese camino , se entusiasman.
Algunos dirigentes rurales sostienen también la posibilidad de hacer concesiones sobre la soja, aunque no todas las que el Gobierno quiere, a cambio de una política agrícola y ganadera integral. Unos y otros son sólo palomas que sobreviven, casi famélicas y desahuciadas, en un mundo de halcones.
Promesas incumplidas
La historia lo condena al Gobierno. El intendente de Rafaela se lo dijo al propio Kirchner en aquella reunión de peronistas: No me importa mucho la soja. Me importa la cuenca lechera. Y el Gobierno no ha hecho nada por la lechería. No cumplió hasta ahora ninguna promesa, le recalcó. El ex presidente se escabulló como pudo: Traeme a los tamberos y arreglamos el problema .
Mondino no recibirá al Gobierno, porque el Gobierno no irá a la reunión que convocó para mañana. El defensor del Pueblo deslizó en su convocatoria, aunque no lo dijo, que recurrirá a la Justicia si el Gobierno y el campo siguen complicando la vida de la sociedad. El pleito, en efecto, llegará a la Justicia. Pero la Justicia no encontrará la solución política que los políticos y los dirigentes rurales no encontraron. ¿Por qué no se habla en la Argentina política? Están viendo a dos sectores en pugna. No es así. Hay un gobierno y un sector que se resiste a cumplir las decisiones del Gobierno , devuelve Cristina Kirchner.
El Gobierno ha hecho ya las correcciones que debía hacer a la primera resolución sobre las retenciones. Lo que se tenía que hacer se ha hecho. Podemos hablar sobre la leche o sobre los pollos, pero las retenciones no se negocian , ratificó la Presidenta. Nosotros estamos dispuestos a dialogar y negociar, pero nadie nos llama , se quejan los dirigentes agropecuarios. La lucha es ahora, más que nada, por el triunfo sobre la opinión pública. Gobierno y campo saben que sólo un milagro construiría un acuerdo entre ellos.
La Iglesia no exhortó a las partes sólo para darles un argumento a los ruralistas que les permitiera a éstos levantar el paro. Los obispos están entre preocupados y asustados , ha dicho uno de ellos. Sólo el decurso de las horas les dio la razón: ayer ya hubo un hombre apuñalado en las rutas de Roque Pérez, en la provincia de Buenos Aires. La crispación social parece aumentar. La Presidenta descree de que exista pesimismo social. ¿Dónde está el pesimismo? , pregunta, y se responde: La juventud está entusiasmada con otras cosas. Está encantada todavía con una visita a las oficinas locales de Google.
Cambio de candidato
Cerca de ella se refieren a los presidentes de las entidades agropecuarias como los cuatro jinetes del Apocalipsis . El Gobierno nos está llevando al Apocalipsis , denuncian dirigentes rurales, y ninguno, ni el Gobierno ni el campo, sabe cómo está hablando el otro.
Cristina Kirchner ha cambiado de opinión en las últimas semanas. En la interna demócrata ganó mi candidato: Barack Obama , dice. Perdió Hillary Clinton, su anterior apuesta. Una cosa quedó clara: para ganar la presidencia hay que tener algo más que un marido popular , desliza con una sonrisa burlona, cuando ya se la lleva el protocolo de los presidentes. Afuera, el país parecía entrar sólo en un paréntesis, en un intervalo precario y fugitivo, entre dos combates.
Fuente: LA NACIÓN, de Buenos Aires.
Debate en LA NACION
La urgencia del país es pensar a largo plazo
Por Mariano de Vedia
De la Redacción de LA NACION
Domingo 8 de junio de 2008 |
Pensar la Argentina más allá de la coyuntura, con la mirada sobre el horizonte del largo plazo, no sólo es posible: es una necesidad impostergable.
Así lo entendieron el dirigente uruguayo Enrique Iglesias, titular de la Secretaría General Iberoamericana, y los académicos en educación Juan Llach, Guillermo Jaim Etcheverry y Antonio Battro, que compartieron un almuerzo organizado por La Nacion y el Banco Galicia, para analizar las tendencias y los desafíos que el país y la región tienen pendientes en el campo de la educación superior.
La conclusión y principal coincidencia es que el largo plazo se presenta hoy más urgente que nunca.
La mesa, coordinada por el doctor Roberto Cortés Conde, arrojó ideas y pensamientos para poner en acción, y mostró a qué distancia está hoy la Argentina de las autopistas del conocimiento y de la información, cuando el desarrollo educativo local a duras penas transita por las vías colectoras. "Todos hablamos de la sociedad del conocimiento, pero pareciera que nos vamos aproximando a la sociedad de la ignorancia", advirtió Jaim Etcheverry, ex rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), al plantear un escenario preocupante, a la luz de indicadores que reflejan el avanzado deterioro de la educación argentina.
Los datos muestran una muy pobre inversión en ciencia y técnica, que no llega al 0,4 % del PBI, cuando Brasil casi triplica el índice y los países desarrollados lo quintuplican. En términos presupuestarios, los recursos de todas las universidades nacionales (1800 millones de dólares) son inferiores al presupuesto de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que asciende a 2053 millones.
"Pensar en el largo plazo es una urgencia muy grande", dijo Iglesias, una de las personalidades internacionales que más alzó su voz en favor de la Argentina durante los tiempos más duros de la crisis de 2001. Frente a él, el ex ministro Llach habló de "recrear la corta primavera que se vivió entre la asunción de Frondizi y la trágica Noche de los Bastones Largos", que marcó a fuego la historia universitaria argentina, y el doctor Antonio M. Battro instó a no olvidar que el desafío frente al futuro se juega cada mañana en la fuerte apuesta al desarrollo de la enseñanza de las ciencias en las aulas de la escuela primaria.
Todos fueron recibidos por el presidente del directorio de la SA LA NACION, doctor Julio C. Saguier, junto con Constanza Gorleri, gerente de Responsabilidad Social Empresaria del Banco Galicia, y, Enrique C. Behrends, gerente de Desarrollo Organizacional, en la sala de reuniones del sexto piso de LA NACION. Compartieron un almuerzo, que constituyó la apertura de un ciclo destinado a pensar estrategias para el desarrollo de la educación superior en la Argentina, a dos años de que se abran las puertas del Bicentenario. Similares encuentros se desarrollarán a lo largo del año, con otros invitados, para analizar los desafíos pendientes que el país enfrenta en el área educativa, a partir de una iniciativa surgida en la Fundación Diario LA NACION.
El debate se enriqueció con coincidencias en torno a la necesidad de procurar el diálogo y poner en marcha inversiones más consistentes en educación, para la formación de recursos humanos y la aplicación de avances tecnológicos que recorren el mundo, así como recrear, de cara al Bicentenario, el clima de efervescencia y de inserción en el mundo de la investigación científica que vivían las universidades argentinas en la década del sesenta.
También hubo opiniones divergentes, como las diferentes miradas en torno del problema de la masividad de la enseñanza, especialmente en las instituciones de educación superior, y propuestas para establecer criterios más solidarios a la hora de distribuir los recursos del financiamiento universitario.
Alguien que piense
"En la Argentina del siglo XIX, cuando el país era un conjunto de pueblos agrupados en medio de unas guerras civiles que parecían interminables y que hacían difícil la formación de la Nación argentina, había gente que trataba de pensar", dijo Cortés Conde, al rescatar dos figuras emblemáticas del período de organización del país: Juan Bautista Alberdi y Domingo F. Sarmiento.
"Alberdi planteó el problema de los ferrocarriles y la inmigración, sin lo cual el país hubiera sido imposible. Y Sarmiento pensó la educación base de un país que quería ser moderno, no sólo con la extensión de la educación universal, sino también con la mejora de la calidad de la enseñanza, a través de la llegada de maestras norteamericanas y la creación de escuelas normales", recordó el historiador, en la introducción del debate, cuyos tramos sustanciales se reproducen a continuación: .
Enrique Iglesias: - Pensar en el largo plazo es una urgencia muy grande en nuestros países. Con las crisis de los 70 y de los 80 y la aproximación neoliberal del Consenso de Washington, que proponía dejar que el mercado trabaje los precios, perdimos contacto con las visiones de planificación y de largo plazo. Es muy urgente retomarlo y que haya gente que comience a otear el horizonte y ver para dónde van las grandes tendencias del mundo. La nueva geografía económica y política del mundo nos abre nuevas perspectivas. Con el ingreso masivo de Asia al mercado de consumidores, aparecen 2500 millones de personas. Y nuestra región tiene mucho para ofrecer en esa demanda internacional.
Guillermo Jaim Etcheverry: - Los indicadores de nuestra calidad educativa muestran que estamos muy lejos de la sociedad del conocimiento. Una cosa es el discurso y otra, la realidad. Todos hablan de la importancia de la ciencia, pero las cifras reflejan que estamos muy retrasados. Y en el caso de la Argentina, los datos muestran que estamos retrocediendo. Tenemos que hacer un esfuerzo por revalorizar el conocimiento. Hay que volver a los principios elementales del trabajo, de la educación como aventura y esfuerzo personal. Y está, además, el problema del sacrificio social.
Juan Llach: Comparto la idea del hambre del largo plazo que hay en la región. Pero si no se genera una o más instituciones públicas o privadas específicamente dedicadas a eso los esfuerzos no van a llegar a buen puerto. La Argentina debe recrear el clima que se vivió en esa corta primavera entre Frondizi y la trágica Noche de los Bastones Largos, en la que el conocimiento estaba claramente en el centro de las preocupaciones sociales. Se despertaban vocaciones, se hacía investigación, se creaban universidades privadas, había un clima de efervescencia universitaria. Para eso hay que pasar de la diatriba al diálogo. El equivalente de las maestras de Sarmiento sería lograr que vuelvan al país recursos calificados de investigadores que se perdieron. Si hubiera mejores condiciones, muchos retornarían.
EI: - El aprovechamiento de las oportunidades está ligado con la formación de los recursos humanos y con la incorporación de los avances tecnológicos. En los últimos años, los países asiáticos nos sacaron enormes ventajas en calidad educativa y en inversión en tecnología. En ese campo, nuestra inversión en tecnología es deplorable.
GJE: - En Estados Unidos, se preocupan y piensan que el futuro está siendo comprometido. China y la India están graduando más ingenieros que EE.UU. La primera medida que toman es la formación de profesores en las materias científicas, que acá no se estudian.
JL: -En China, se gradúan cada año 700.000 ingenieros y en los Estados Unidos, 70.000. La Argentina está lejísimos. Hay una debilidad que viene de lejos en las ciencias duras.
Antonio Battro: - En el caso de China, el problema no está en las ingenierías. Está en los chinos. Tienen 250 millones de chicos en la escuela primaria y llevan adelante un proyecto de enseñanza de las ciencias que significa un cambio de actitud y una cuestión de valores. La revalorización de la verdad, de la ciencia, del espíritu crítico tiene que comenzar en la primaria. Hace unos 15 años, la Academia de Ciencias de Francia advirtió con horror que no se enseñaba ciencia en las aulas. Volvieron a hacerlo y se provocó un cambio sustancial. Mi optimismo se basa en que hay una masa enorme de chicos que está tomando conciencia de lo que es la ciencia, que no es lo que está en los libros. La ciencia está en la actividad, en el diálogo con las cosas.
GJE: - En nuestra región, es muy baja la inversión en ciencia y técnica, no llega al 0,4%. Brasil llega al 1,1% (el único de América latina que llega al 1%); los países desarrollados invierten poco más del 2%, Japón invierte el 3%, porcentajes muy influidos por la inversión privada. En Japón más de la inversión en ciencia y técnica es del sector privado; en Estados Unidos es el 50%. En la Argentina, con suerte, es del 20%. La dirigencia también debiera ser convencida de que es importante contribuir a ese desarrollo. La Argentina invierte para todas sus universidades menos que lo que invierte México en una sola institución. Debemos aspirar a que nuestras universidades sean centros de creación de conocimiento original.
AB: - La educación es el diálogo entre aprender y enseñar. Si logramos enseñar ciencia tenemos una base de sustentación para las cosas más sublimes del espíritu. No podemos seguir pensando que solamente una élite transformará el mundo. Todos tenemos la capacidad. Yo felicito a Uruguay, que decidió dar la mejor conectividad posible en las escuelas públicas y privadas a todos los chicos, de 6 a 12 años. Eso va a cambiar al país en una generación. No habrá un solo chico en Uruguay que no tenga acceso a Internet y una computadora.
EI: -El interés por la educación está en la población. La gente hace lo que puede por educar a sus hijos. La masificación es una alternativa para que más gente llegue a la universidad. Pero cuando la masificación compite con recursos escasos se queda con los pocos recursos y baja la calidad.
GJE: - La masividad es un problema complejo. Hay áreas masivas y otras no tanto. En grandes universidades como las nuestras, hay carreras que no tienen ese problema, como las de ciencia y filosofía. Se da en ofertas profesionales (Derecho, Medicina, Psicología). Nuestros países necesitan más gente con formación universitaria. En la Argentina, el 14% de la población entre 25 y 64 años (la fuerza de trabajo) completó la educación terciaria. En Canadá, el 44%; en Estados Unidos, el 38%; en Suecia, el 33%; en Perú, el 18%, y en Chile, el 14 por ciento.
Roberto Cortés Conde: - La proporción de la gente que ingresa a estudiar en la universidad debe ser mucho más alta.
GJE: - Sí, pero el problema educativo no es sólo de eficiencia. Es de formación, de ejemplo, de experiencia. Una persona que realiza estudios universitarios, aunque no los termine, ha atravesado una experiencia educativa que es importante. Lo ideal sería que todo el que ingrese se gradúe. El gran problema es la falta de relevancia.
JL: - Yo estoy en favor de la universidad masiva. Pero es inconsistente sostener una universidad masiva con este modelo de financiamiento. Como el arancel no se va a aceptar por muchas décadas en la Argentina, hay que plantear seriamente un sistema de crédito educativo como el que tiene Australia, donde la gente, una vez que llega a un nivel adecuado, empieza a devolver a 20 o 30 años de plazo lo que recibió en educación. Una solidaridad elemental, lo cual llevaría a la universidad muchos recursos.
RCC: -¿No sería más lógico tener como en Estados Unidos, por un lado, las universidades y, por el otro, los colleges , para la formación profesional?
GJE: - Sí, pero hay tradiciones. Son culturas diferentes, que no van a cambiar de un día para el otro.
RCC: - Las universidades son generadoras de grupos de investigación. Tienen que tener un número de investigadores para empezar a tener relevancia. Hay que pensar una estrategia. Habría que difundir la idea de la competencia. En los rankings de universidades en el mundo, la Argentina está en posiciones bajas. Según datos de la Unesco, Chile, que tiene un potencial económico menor, posee una producción de papers científicos mayor que la Argentina.
GJE: - Hace poco hicimos un estudio sobre la función de las universidades, según la opinión de la población en general. La gente citaba la formación de los profesionales, la finalidad educativa, pero la investigación aparecía citada en el 7% de los casos. Y si uno miraba la opinión de los graduados universitarios, que pasaron por los claustros, sólo el 9% ponía la investigación entre las funciones prioritarias.
JL: -Es importante democratizar la universidad en serio, con los colegios de la comunidad e institutos tecnológicos. Mucha gente no accede a la universidad por razones geográficas. En Australia, los institutos tecnológicos y terciarios son una avenida paralela a la universidad, con la misma jerarquía y calidad.
AB: - La curiosidad y la capacidad de aprender es lo propio del ser humano. Todos los animales aprenden, pero ningún animal enseña. La masa de inteligencia en el mundo es colosal si empezamos de las bases. Eso procuramos hacer con el programa Una Computadora por Chico, con Nicholas Negroponte. En todos lados encontramos la alegría enorme de aprender y de enseñar. Hay una capacidad innata por enseñar. Alguien decía que la ciencia es lo que el padre enseña al hijo y la tecnología, lo que el hijo enseña al padre.
RCC: - Si uno quiere saber qué está pasando en el mundo, hay que mandar gente afuera, crear condiciones reales para que vuelvan los que han emigrado. Los mejores se van a doctorar a Harvard y al MIT y se quedan. Tenemos que estar dispuestos a dar una opción de preferencia en la que estamos dispuestos a jugar en el mundo.
JL: - Hay dos problemas por los cuales el país no invierte lo que debiera en educación. Uno es financiero. Hay muchos gobernadores en la Argentina que quieren poner la educación a la altura del siglo XXI, pero no lo van a poder hacer con el sistema centralista de renta fiscal. Y hay excesos burocráticos. Falta una política escuela por escuela.
RCC: - Yo nací en una cultura en que uno sabía y estaba convencido de que, independientemente de la condición social y los recursos que tuviera su familia, si estudiaba y trabajaba sabía que tendría buenas perspectiva y que la iba a ir bien. Lo volví a ver cuando fui a enseñar en los Estados Unidos, en los años 90, en Chicago, con los estudiantes chinos. Eso, en la Argentina, se erosionó. Era más fácil ser vivo y conseguir algo. La gente se acostumbró a reemplazar el esfuerzo en pos del conocimiento por el talento para la picardía.
JL: - Los primeros que deben tener conciencia son los dirigentes públicos. Si uno pudiera sacar una foto de sus agendas de trabajo y ver cuánto tiempo realmente dedican a la educación, nos daría vergüenza. ¿Cuánta energía diaria le dedican? ¿Cuántos dirigentes uno ve visitando escuelas, interesándose por ellas, conversando con los padres, los maestros? La dirigencia argentina, más allá del discurso, tiene que tomarse en serio la educación.
GJE: - La dirigencia debería ser consciente de la importancia que tiene la educación y crear una demanda en la sociedad a través del ejemplo. Yo conversé una vez con un presidente y le dije: "Lo mejor que podría hacer por la educación es hacer lo mismo que hacía Mitre: salir de la Casa de Gobierno, cruzar la Plaza de Mayo, ir al Colegio Nacional de Buenos Aires y sentarse a escuchar una clase". Sería una señal muy importante. Cuando la presidenta Cristina Kirchner dijo en su discurso de asunción que se había educado en una escuela pública, en la que los chicos íbamos a aprender, los maestros nos enseñaban y nuestros padres nos acompañaban y se interesaban por lo que hacíamos, también fue una señal importante. Una frase, nomás. Pero no tiene que ser algo aislado.
EI: -La clave es ver cómo se hace para generar conciencia crítica y movilizar a la opinión pública para que presione en favor de estas demandas. Una de las experiencias que apoyamos en el BID favorecía el compromiso de los padres en la gestión de las escuelas. Era el programa Educo, en El Salvador, por el cual los padres tomaban a su cargo el control de las escuelas, fijaban el salario de los profesores y obtenían buenos resultados, con una disminución de los índices de ausentismo de alumnos y de docentes. Contribuían a mejorar la calidad de la educación.
RCC: - Yo centraría el esfuerzo en tres, cuatro, cinco instituciones de excelencia, de educación universitaria, así como en su momento fueron el Conicet y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), en el que existía el orgullo de estar en el mundo y cerca de las fronteras del conocimiento. Y trataría de emular otras instituciones con el ejemplo.
JL: -Eso requiere un grado mínimo del cumplimiento de la ley. Es lamentable lo que ocurre con la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, una institución cuyo prestigio se derrumbó con las protestas y tomas estudiantiles. Hasta la matricula de alumnos cayó. Es un indicador claro de que está perdiendo ante la sociedad esa extraordinaria reputación que se supo ganar durante tantas décadas. Cuando se pierde la autoridad se hace un grave daño a la democracia.
EI: -Una vez, el presidente de un país grande me dijo: "Mire, Iglesias, no se llame a engaño. La mejor política educativa es pagarles bien a los maestros". Y tenía mucha razón. Lo que pasa es que aquí aparece el tema de la masificación. Son tantos los maestros, que cualquier aumento implica cargas retributarias descomunales. Pero es verdad. Y es verdad también que nuestras universidades no son baratas. Los sueldos miserables de los profesores constituyen un subsidio muy grande.
JL: -La Argentina debería estudiar el caso de Australia. Una de las principales exportaciones que tiene hoy Australia es la de servicios universitarios, porque llegan estudiantes de Asia y otros lugares.
RCC: - La India también ha avanzado muchísimo.
JL: - Cuando se preguntan las razones del éxito educativo en Finlandia, la respuesta es que un maestro tiene exactamente la misma jerarquía que ser médico, ingeniero o abogado. Tanto en remuneraciones como en reconocimiento social. Lo de los recursos es esencial, pero a veces no tanto. En muchos lugares, como la Argentina, hay mucho malgasto de fondos.
EI: -La educación es transmisión de conocimiento y transmisión de valores. Me preocupan dos elementos perversos de la globalización: la concentración de oportunidades y la incidencia en los valores. El tema del salario no es menor. Uno confía la formación de las futuras generaciones a maestros que viven con angustias porque tienen sueldos bajos y llegan con dificultades a fin de mes. La educación de nuestros hijos está en manos de gente angustiada. No se pueden separar los problemas de la remuneración de una buena política educativa de largo plazo.
RCC: -Aunque no es suficiente, es absolutamente necesario. Y no sólo para maestros, sino también para los profesores universitarios.
JL: -La ecuación es clara. En América latina y en la Argentina, en particular, en los últimos años, aumentó la cantidad de alumnos, pero los recursos no lo hicieron proporcionalmente. Entonces, la variable de ajuste es la calidad de la enseñanza...
GJE: -A través de la calidad del docente, al que se le paga poco. Los estudios de composición social de los docentes señalan que ahora es una alternativa al servicio doméstico. El problema es el capital cultural que llevan al aula. En las universidades es fundamental que haya más profesores con dedicación exclusiva. En nuestro país no supera el 10% de la planta docente universitaria.
JL: -Sin profesores con dedicación exclusiva, no hay investigación. Y sin investigación, no habrá docencia universitaria de mayor calidad. Es muy poca, incluso, la proporción de estos profesores con dedicación exclusiva en las universidades privadas.
RCC: - La importancia y las prioridades en las sociedades se miden por los recursos que se asignan a áreas tan vitales como la educación.
EI: -Con esta demanda importante que tiene hoy el sistema educativo, la gente que tiene recursos no manda a sus hijos a la educación pública, sino a la educación privada. Tenemos, así, un factor de mala distribución del ingreso. Mala educación para las masas.
JL: -Y eso perpetúa la desigualdad.
EI: -La acelera.
GJE: - Pero aun los que pueden comprar educación, no compran una buena educación. Si compraran buena educación, se crearían estructuras de educación excelente en el ámbito privado, que las hay, como también las hay en el público. Pero no necesariamente eso se traduce en una mejor calidad de enseñanza. Se fijan en que el colegio tenga campo de deportes, que hagan buenos amigos. A muchos no les interesa el rendimiento académico.
JL: -La correlación entre rendimiento académico y costo por alumno no es directa. Respecto de los recursos en las universidades, hay todavía muchos prejuicios sobre la venta de servicios. Perdonen que insista en Australia, pero en ese país el 40% de los recursos de las universidades proviene del presupuesto público. Otro 40% se genera por los sistemas de crédito y un 20% por la venta de servicios. Eso es muy importante, pero se lo ve como una mercantilización de las universidades.
RCC: -Yo tengo unas reservas. No sé si ese sistema es positivo en la Argentina. La venta de servicios puede favorecer a un sector determinado pero no a todos. Se corre el riesgo de reproducir múltiples pymes de posgrado y de ventas de servicios y eso puede llegar a ser un problema.
JL: Para mí no es un problema. Es parte de la solución. En muchas carreras, sobre todo de las ciencias sociales, a través de las consultorías se favorece el contacto de la comunidad universitaria con la realidad. Es esencial para que el profesor se aproxime a la realidad. La discusión de la nueva ley de educación superior en la Argentina puede ser un momento apropiado para ver si se cambia el sistema de financiamiento de la educación superior. Es insensato pretender que las universidades masivas puedan promover una educación de calidad con el sistema de financiamiento actual. Hay que romper tabúes. Es una cuestión de solidaridad entre generaciones. Si eso no se cambia, será una ley absolutamente voluntarista.
GJE: El problema no es lo que diga la ley. Es de cultura social. Corremos el peligro de generar leyes intervencionistas, que coartan y burocratizan el desarrollo de las universidades y su vinculación con el mundo. Cuanta más libertad, mejor.
EI: No debemos olvidar que los medios tienen una enorme responsabilidad. Pueden colaborar en la misión de movilizar y sensibilizar a la gente en estos temas trascendentes.
Enrique Iglesias
. Doctor en medicina de la UBA, institución de la que luego sería rector (2002-2006), es miembro de la Academia Nacional de Educación y es el único latinoamericano miembro de la Academia Estadounidense para las Artes y Ciencias. Actualmente es investigador del Conicet y director de la Fundación Carolina, dependiente del rey de España.
G. Jaim Etcheverry
. Economista y sociólogo, fue ministro de Educación Nacional, asesor del coloquio IDEA y de la Conferencia Episcopal en el Diálogo Argentino y viceministro de Economía y Obras y Servicios Públicos de la Nación. Actualmente, dirige el área de economía del IAE.
Juan Llach
. Doctor en Medicina, fue un pionero en la introducción de herramientas informáticas en la enseñanza en la Argentina y Brasil. Actualmente se dedica a la aplicación de las nuevas tecnologías en el desarrollo de las capacidades neurocognitivas.
Antonio Battro
. Abogado, es miembro de la Academia Nacional de Historia y fue investigador en Cambridge y en Oxford. Miembro del Comité Editorial de la Revista de Historia Económica de Madrid y de la Asociación Internacional de Historia Económica. Es profesor en la Universidad de San Andrés.
R. Cortés Conde
Economista uruguayo, fue presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), secretario ejecutivo de la Cepal, ministro de Relaciones Exteriores del Uruguay y presidente del Banco Central de ese país. Desde 2005, es secretario general de la Secretaría General Iberoamericana.
Fuente: LA NACIÓN, de Buenos Aires.
FALLECIÓ EN SU CASA PRODUCTO DE UN PARO CARDIORRESPIRATORIO
Murió Bernardo Neustadt
El polémico periodista argentino tenía 83 años
Neustadt. Tenía 83 años
El polémico periodista Bernardo Neustadt, quien durante tres décadas condujo el más influyente programa político de la televisión argentina, murió ayer a los 83 años, producto de un paro cardiorrespiratorio mientras almorzaba en su casa, informó su secretaria.
El periodista había publicado recientemente el libro Escribir sobre el agua, tras una larga carrera que inició en el periodismo deportivo, y que incluyó su paso por medios gráficos, radiales y en televisión. Al frente del programa Tiempo Nuevo, junto a Mariano Grondona, durante casi tres décadas marcó la agenda política. Entrevistó a personalidades políticas mundiales como el líder palestino Yasser Arafat o el presidente ruso Mijaíl Gorbachov, entre otros.
No obstante, adhirió abiertamente a los regímenes militares, en particular a la última dictadura, en la que desaparecieron unas 30.000 personas, según organismos de derechos humanos. Desde 2007, ya con menos popularidad, opinaba desde un sitio propio en la web en la que aún se pueden leer sus amigables entrevistas al ex dictador Jorge Videla y a su sucesor Roberto Viola, realizadas cuando arreciaba el terrorismo de Estado.
También fue un defensor de las políticas neoliberales y en la década del 90 fue uno de los impulsores del ex presidente Carlos Menem y de quien fuera su ministro de Economía Domingo Cavallo.
“Mi lápida tiene que decir: Ayudó a pensar”, dijo recientemente en la que confesó su deseo de “ser recordado como pionero de esta profesión en los medios electrónicos”.
Neustadt había nacido el 9 de enero de 1925 en Rumania, pero de pequeño emigró a Argentina. Se inició en el periodismo a los 14 años en el desaparecido diario El Mundo y abordó la radio y la televisión en 1960, a los 35 años. (AFP)
Fuente: EL OBSERVADOR, de Montevideo.
Recuerdo
Un hombre poseído por su vocación
Por Mariano Grondona
Para LA NACION
Domingo 8 de junio de 2008 |
Heidegger sostenía que el ser humano es el único animal que sabe su muerte. Ya en sus poemas, Homero definió a los hombres como "los mortales", en contraste con los dioses inmortales. Pero cuando una diosa enamorada de él le ofreció a Ulises el néctar de la inmortalidad, éste lo rehusó en un pasaje memorable porque asumía y aceptaba su humanidad.
Reconociendo su humanidad y anticipando su muerte, sin embargo, el hombre siempre ha querido superarla. Cuando se nos va un ser querido, algo nos impulsa a retener su esencia, guardándola en la urna inviolable de nuestra memoria. Bernardo ha muerto en su día.
La coincidencia fue reveladora porque la vocación, la loca pasión del periodismo, lo habitó desde que tuvo uso de razón hasta su última hora. Todos aquellos que han sido llamados a ejercer el periodismo la han conocido. También sabemos que Bernardo, más que poseerla, estaba poseído por ella.
* * *
Atribulado por el ritmo de una vida que lo obliga a pronunciarse permanentemente en público, el periodista es un ser difícil. Bernardo lo era. Para aquellos que pudimos entrever las llamas de su entrañable pasión, de su amor desesperado por la Argentina, Bernardo también era en extremo querible. Su punzante recuerdo nos acompañará por el resto de nuestros días.
No tuvo el hijo o la hija a los que hubiera mimado desproporcionadamente.
Si bien venía del peronismo, el peronismo, incluido el propio Menem a quien tanto había admirado en sus comienzos, no terminó de conformarlo.
Nada era suficiente para la Argentina que él había imaginado.
Quizá le tocó un destino tan grandioso como amargo: el destino de los precursores. Tuvo, sin embargo, algunos anticipos de lo que él soñaba. Pienso, en estos momentos, en Arturo Frondizi.
* * *
Y ahora tendremos que buscarle un lugar a Bernardo. De aquí a unos años, cuando la Argentina renazca de sus cenizas, Bernardo tendrá su lugar en la historia. Esto es relativamente fácil de predecir. Lo que es más difícil es predecir el lugar que ocupará su alma a partir de ahora.
Después del consiguiente purgatorio, que es la esperanza común de los creyentes y aun de los que no lo son, ¿que hará el buen Dios con el alma de Bernardo?
He aquí un enigma que sólo El nos podría resolver. Es que la identificación de Bernardo con su vocación fue tan completa que es imposible imaginarlo sin su Lettera 22, sin su computadora, sin sus micrófonos y sus cámaras. Frente a la estela que deja su recuerdo, sólo alcanzo a citar aquí el final de la milonga que Jorge Luis Borges le dedicó a Don Nicanor Paredes: "Ahora está muerto y me digo: ¿qué hará usted, don Nicanor, en un cielo sin caballos, ni envido, retruco y flor?"
Querido Bernardo: Dios, desde el misterio insondable de su amor, se ocupará de vos y de todos nosotros.
Fuente: LA NACIÓN, de Buenos Aires.
Fue el creador de Tiempo Nuevo: tenía 83 años y falleció en su casa de un paro cardíaco
Murió Neustadt, un periodista polémico con estilo propio
Trabajó en gráfica, radio y televisión
Domingo 8 de junio de 2008 |