Liberalismo militante

CORONEL

Uruguay-Sobre el estadista uruguayo, Coronel Lorenzo Latorre-Por Alfredo E. Allende

Escrito por rigofa 14-08-2010 en General. Comentarios (3)
Sobre el estadista uruguayo, Coronel Lorenzo Latorre
por Alfredo E. Allende

Este año se cumplió el 90° aniversario del fallecimiento de Lorenzo Latorre autor principalísimo del Estado de la República Oriental del Uruguay.
 
Había nacido en Montevideo en 1844. Gobernó entre marzo de 1876 y enero de 1880; fue proclamado por una muchedumbre importante para la época Gobernador Provisorio. Había tenido un comportamiento heroico en la guerra del Paraguay y se distinguió en otros enfrentamiento locales en calidad de jefe por su eficiencia e inusual clemencia en esa época; no se ascendió a general, ni promovió los cuadros superiores, manteniéndose con el grado de coronel; redujo drásticamente el presupuesto castrense en más del 50%. Formó su gabinete -su procedencia era "colorada"- con gente independiente, "blancos" de gran valor y con miembros de su Partido.
 
Respetó la constitución pre-existente del Tribunal Superior de Justicia, judicializó la campaña -por entonces semibárbara- con jueces de paz letrada; nadie fue perturbado por sus opiniones en reuniones públicas; ningún periódico fue cerrado en sus gobiernos, tanto cuando fue Gobernador Provisorio como en el período en el que se desempeñó como Presidente constitucional: al contrario, surgieron expresiones periodísticas opositoras; ninguna persona sufrió la pena de exilio; suprimió las levas de la gente de color; admitió las primeras huelgas del naciente movimiento obrero.
 
El Uruguay, hacia 1870, había entrado en colapso productivo, sin caminos, prácticamente sin escuelas en la campaña y escasas en Montevideo. La propiedad rural, carentes de cercos y de protección adecuada, engendraba las condiciones para incursiones de partidas de gauchos bravos que hacían de las mismas su "modus vivendi".
 
Latorre rompió el statu quo  agrario lanzando al país por la senda de la producción en cantidad y calidad mediante la organización policial y judicial  y el tendido de alambrado -se daban créditos a tal efecto- lo que permitió convertir al Uruguay en uno de los grandes productores de ganado refinado en el mundo; todo lo cual hizo habitable la campaña por vez primera.
 
Entre sus otras obras de enorme trascendencia se cuenta el Registro Civil de la Personas; el Correo Nacional levantando estafetas dónde antes existían "pulperías" como lugares de referencias epistolares; la red de telecomunicaciones telegráficas que posibilitó la comunicación e integración con las comarcas más alejadas de Montevideo; el registro de Marcas y Señales y el Registro General de Embargos e Interdicciones, sin los cuales no habría seguridad jurídica para las propiedades y transacciones. Dictó el Código de Procedimientos criminales estudiado por valiosos juristas convocados al efecto, a fin de otorgar transparencia a las garantía individuales, y actualizó la vetusta legislación. Impulsó la gran reforma escolar con su colaborador José P. Varela, resistida desde varias sectores -sólo posible por su decisión de proteger a Varela y a sus realizaciones- que permitió eliminar de raíz en pocos años el analfabetismo casi total de la campaña y muy extendido en la propia capital; no sólo la educación fue pública, laica y obligatoria, sino de características científicas, cosa hasta ese momento desconocida. Mandó erigir la Escuela-Taller de Artes y Oficios en Montevideo y obtuvo una ley para la difusión de esos institutos en el interior.
 
Ordenó el régimen penitenciario que constituía un galimatías atroz -en realidad no existía- con detenidos insertos en el ejército, en pontones y en la colina del Cerrito; hizo levantar una penitenciaría en la ciudad capital, considerada por Gonzalo Abella entre otros historiadores, como una avanzada internacional en la materia, mientras en la Argentina se enviaba a los presos los fortines, o se los encerraban en la isla de los Estados, o Francia los enviaba en la isla del Diablo en la Guayana. En Rusia, a Siberia
 
Algo llamativo y casi ignorado hasta el presente: aceptó e impulsó una reforma universitaria considerada la primera en América, con incorporación democratizadora de profesionales y estudiantes en los claustros de altos estudios.
 
Erigió la Facultad de Medicina y cimentó las bases de las después llamadas Facultades de Agronomía, Agrimensura e Ingeniería, con organización de cursos y validez de títulos. Intentó en sus últimos meses de mandato presidencial llevar a cabo una reforma racional en las distribuciones de tierras fiscales, como lo ha sacado a la luz el estudioso oriental Piedra Cueva-Azpiroz.
 
Falleció en 1916 exiliado en Buenos Aires -él, que había eliminado en sus gobiernos esa punición inconstitucional- dejando una larga familia argentina cuyos descendientes vivimos orgullosos en el recuerdo, obscurecido en el propio país del prócer, del que fuera en realidad el estadista por antonomasia y que posibilitó con sus realizaciones las posteriores tareas ímprobas de José Batlle y Ordóñez y de varios políticos eminentes, como lo ha explicitado el historiador y diplomático uruguayo Juan José de Arteaga en su "Uruguay. Breve historia contemporánea".

Fuente: LA ONDA® DIGITAL

Nota del Editor: Lorenzo Antonio Inocencio Latorre Jampen (Montevideo, 28 de julio de 1844 - Buenos Aires, 18 de enero de 1916) fue un militar y político uruguayo, gobernador de facto entre 1876 y 1879, y presidente constitucional entre 1879 y 1880.

Rafael Ayora: "No hay nada más hermoso que ser los ojos de un ciego"

Escrito por rigofa 22-12-2008 en General. Comentarios (0)

25/10/2008  LA ENTREVISTA CON RAFAEL AYORA, TENIENTE CORONEL DEL GRUPO MILITAR DE ALTA MONTAÑA

Rafael Ayora: "No hay nada más hermoso que ser los ojos de un ciego"

Guía a ciegos para escalar cimas de 7.000 metros y pronto intentará un 'ochomil'.

EMILIO PÉREZ DE ROZAS

--Para que se haga cargo del tipo de entrevista: viéndole vestido así debería ponerme firmes, supongo, pero no me sale porque me salvé de la mili por corto de talla. La verdad es que preferiría que nos hubiésemos encontrado en lo alto de una montaña antes que en un despacho de Capitanía Militar, aunque me temo que yo sería incapaz de subir más alto de 200 metros.
--La gente tiene la sensación de que escalar es la mar de fácil, y es un deporte muy duro, mucho. Hay que ser un gran deportista para poder alcanzar la cima y, sobre todo, soportar la dureza, no solo del esfuerzo que supone la escalada, sino también de las condiciones climatológicas a las que te enfrentas a ciertas altitudes. Escalar es un reto personal muy grande, pues, por más ochomiles que hayas coronado, siempre te enfrentas a la duda de si podrás alcanzar el reto de hacer cima, siempre.

--Se diría que en eso de la montaña también estamos en la cúspide, como en fútbol, tenis, baloncesto, F-1, balonmano, ciclismo, motos...
--Pues sí. España está en montaña entre los grandes, no solo en ochomiles sino también en dificultad, en expediciones de todo tipo. Ahí están Juanito Oiarzabal o Edurne Pasaban, por citar solo a los más populares, sorprendiendo a todos con escaladas increíbles. Sí, también en lo que hace referencia a la montaña gozamos de muy buena salud deportiva.

--De todos modos, para gestas increíbles, las que usted lidera, pues eso de coronar montañas de casi 7.000 metros con cordadas integradas por ciegos y discapacitados físicos es digno de admiración.
--Antes de hablar de lo mío, bueno, del Grupo Militar de Alta Montaña, déjeme que le diga que deberíamos encontrar una palabra que pudiese definir a los discapacitados, a los deficientes, con más acierto, tacto o mimo. Yo no sé cuál sería, pero hablamos de que les falta algo --ojos, piernas, manos, brazos--, y cuando estás con ellos tienes la sensación de que son tan capaces como tú. Ellos nos demuestran que la única barrera, el único límite, que existe es el que uno mismo se impone. Si un ciego se empeña en subir un pico de 6.962 metros como el Aconcagua, subirá. Bueno, es más, ya ha subido.

--Pero siempre necesitarán de usted, de sus lazarillos, de su guía.
--Por supuesto, sí, ¿y qué? Como yo necesito de todos los demás. No más. ¿Necesita un guía? Pues se lo ponemos y punto. Yo he estado con ellos en el Parinacota, en Bolivia, a 25 grados bajo cero, con ráfagas de viento helado, y ellos me demostraron que su fuerza de voluntad, de entrega y superación estaba a la altura de los mejores, de los campeones. Da gusto escalar con ellos. No hay nada más hermoso en esta vida que ser los ojos de un ciego. Nada.

--¿Qué es lo más impactante de trabajar --sobre todo con ciegos-- en esas condiciones, con ese riesgo?
--Sin duda, el momento en que haces cima. Afortunadamente, hasta ahora, siempre que las condiciones climatológicas nos lo han permitido, hemos hecho cima, como por ejemplo en el Aconcagua, el pico más alto de Suramérica, o el Ojos del Salado, de 6.934 metros, en Chile, el volcán más alto del mundo. Y ¿sabe por qué es lo más emocionante y enternecedor?

--Porque la expedición logra el objetivo previsto, supongo. ¿No?
--No, no: porque la mayor recompensa, el mayor placer que tenemos cuando alcanzamos una cima, sea de 6.000, 7.000 u 8.000 metros, es la satisfacción de la vista que tienes a tus pies. Y, llegado ese instante, tú tienes que compartir el placer visual con alguien que te pregunta insistentemente: "¿Qué se ve? ¿qué se ve?", porque él, que también ha hecho cima y está tan feliz como tú, no puede disfrutar por sí mismo de esa vista. Es ahí donde tú te conviertes en sus ojos y le narras, con todo lujo de detalles, siempre y cuando la niebla no te lo eche todo a perder, lo que se ve. Y puedo prometerle que no hay cosa más linda y emocionante, insisto, que contarle a un ciego lo que ves y lograr que él se sienta tan recompensado como tú. No es fácil entenderlo, lo sé, pero ha de creerme: se trata de un instante único.

--Me cuentan que usted y sus guías acaban afónicos cada expedición.
--Es lógico, ¿no? Escalamos arrastrando una barra direccional de unos tres metros de longitud. Delante va uno de nosotros; detrás, un manco o un ciego B2 (es decir, con un 10% de visión) o un B3 (con un 30%) y, en medio, el ciego B1 o total. Él aprende a conocer la dificultad de la orografía por la posición de la barra. Si yo subo, la barra sube; si giro, gira; pero nunca, nunca, hay que dejar de hablarle: escalón, piedra, desnivel, barro, hielo, nieve.... y, claro, acabas afónico. Pero muy feliz, felicísimo. La recompensa es enorme.

--No me engañe: ¿a que un día coronará con los suyos un ochomil?
--No sé si lo lograremos, pero preparados lo estamos, ellos y nosotros. Es más, tenemos en marcha un proyecto para intentar el Cho Oiu, la sexta cima del mundo, con 8.201 metros. Y, sí, ese puede ser nuestro próximo gran reto, el ochomil que nos falta.

Fuente: EL PERIÓDICO,  de Catalunya, España.